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Juan José Garrido,La opinión del directorA un mes de las elecciones presidenciales chilenas, todo apunta a que doña Michelle Bachelet triunfará cómodamente en la primera vuelta. Y por lo que adelantan las encuestas, difícilmente perderá en la segunda. Vistas así las cosas, a finales del año estaremos presenciando el cambio de mando; ¿estaremos, no obstante, presenciando el cambio de políticas públicas y exteriores chilenas?

En principio, no deberían cambiar sustancialmente. Chile es quien mejor ha desarrollado sus estructuras productivas de largo plazo en América Latina. Durante el primer mandato de la Sra. Bachelet, entre el 2006 y el 2010, nuestro vecino del sur se mantuvo en los primeros lugares en competitividad y libertad económica del mundo. Hoy, se encuentra en la séptima plaza en el Índice de Libertad Económica de la Fundación Heritage (sobre 177 economías, con Venezuela en el puesto 174), sobresaliendo en calidad institucional, libertad de inversión y comercio, así como en tamaño y calidad del gasto estatal.

En competitividad (Foro Económico Mundial), aparece en el puesto 34, liderando la tabla latinoamericana. Bajos niveles de corrupción, estabilidad macroeconómica y la apuesta en sectores relacionados a las tecnologías de información y comunicación (TIC), ponen a Chile en un ambiente propicio para seguir creciendo en la próxima década. De hecho, el Banco Mundial ya lo considera una de las 47 economías desarrolladas en el mundo.

Nada de esto cambiará bajo un nuevo mandato de Michelle Bachelet. Fue bajo su primer mandato que se unieron a la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) en el 2010; queda claro que su orientación –más allá de los discursos electorales– es a favor del crecimiento y desarrollo de su país.

Al nivel regional, difícilmente la exmandataria apostará por el bloque UNASUR-ALBA frente a sus pares de la Alianza del Pacífico (AdP). El corredor económico que nace en Tierra del Fuego y se expande sin reservas hasta Colombia necesita más que nunca de la fuerza interna de sus miembros para integrar a los países que nos distancian del cuarto miembro, México. Más aún cuando Panamá y Costa Rica ya están interesados.

¿Qué debemos esperar los peruanos? Pocos ­–por no decir ningún– cambios en la política exterior y comercial. Chile está, al igual que Perú, apostando por su desarrollo en el largo plazo en un marco de integración global. Respetarán, si me permiten pronosticar, el fallo de la Corte de La Haya (como estamos seguros lo hará nuestro gobierno).

No dudo que el bloque del ALBA (que acaba de declarar al Presidente Boliviano Morales como "defensor y líder mundial de la soberanía, dignidad e identidad de los pueblos" en la última Cumbre Antiimperialista de Cochabamba) tratará de trazar puentes con nuestro vecino, y tampoco debemos descartar imágenes y poses por parte de Bachelet; no obstante, difícilmente ello se traducirá en el abandono de la AdP o de un cambio de rumbo significativo. De la pose al hecho, hay mucho trecho.