(Foto: Leandro Britto/GEC)
(Foto: Leandro Britto/GEC)

La fórmula que nos permitió llegar a los Panamericanos a tiempo (mediante convenio de gobierno a gobierno, G2G por su nombre en inglés) se ha vuelto la manera de conseguir que el Estado peruano funcione. Si se va a usar para la reconstrucción, hospitales, las líneas del metro, etc., no nos queda otra que embarcarnos en algunos cambios institucionales fundamentales para que el Estado funcione mejor, usando el mismo mecanismo. Y, sí, no suena bonito celebrar 200 años de independencia con ese tipo de problemas, pero peor sería llegar a los 250 sin haberlos resuelto.

Hagamos competir a los gobiernos para un plan de reforma del Estado en serio. Escojamos a los países que tienen mejor sistema de organización del Estado en sus distintos niveles, sistemas de adquisiciones públicas y Contraloría, por lo menos, para que nos transfieran sus mejores prácticas. Por nuestros 200 años reconozcamos de una vez por todas que cambiar leyes solo gasta papel y tinta si no se cambia el comportamiento de las personas que las aplican. Copiar y pegar las mejores leyes es lo que venimos haciendo desde hace tiempo, y no sirve.

Reordenar qué se hace a nivel central, regional, provincial y distrital, con la diversidad inmensa que tiene el Perú, aprovechando al máximo las tecnologías digitales, es fundamental. Ahí necesitamos un gobierno extranjero que no entienda nuestras medias tintas y eufemismos, y que se le abran los ojos como platos cuando le empecemos a decir que en esta ley dice que sí, pero en esta que no. Necesitamos un alemán que solo entienda sí o no, con TOC de Excel y que nos pregunte quién se encarga de qué, dónde y cómo. Mientras más obseso y poco tolerante a la ambigüedad, mejor. Una Marie Kondo de la organización del Estado podría ayudar también.

Lo de la Contraloría es vital. Y por más buena intención y plan de reformas del actual contralor, no se pudo concretar una reorganización integral como sí tuvo la Sunat en su momento. La verdad sea dicha, la Contraloría históricamente ha servido más para hacer que el Estado vaya lento, porque asusta al funcionario honesto, que para evitar la corrupción. Y, por lo general, la indolencia y las ganas de fregar no se resuelven con capacitaciones. Ni idea de qué país tiene la mejor Contraloría, pero eso se averigua.

Que se potencie al máximo todo lo que la digitalización permite en términos de transparencia y rendición de cuentas. Y que cada funcionario que atiende al público tenga su QR personal como fotocheck, de manera que cualquier ciudadano lo pueda calificar del 1 al 5, tal como lo hacemos en los bancos. La tecnología ya existe, ¿por qué no se puede hacer?

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