'Por la justicia' por Sonia Chirinos (Foto: GEC)
'Por la justicia' por Sonia Chirinos (Foto: GEC)

El Perú no tiene suerte en la celebración de sus fechas simbólicas. El oncenio de Leguía coincidió con la celebración del primer centenario de la . Los graves acontecimientos de entonces dieron lugar en 1921 a un profundo y vibrante discurso de un joven Víctor Andrés Belaúnde. El Perú, con Leguía, inició un camino del que, 100 años después, no parece haber levantado cabeza.

El sexenio de la República, sus primeros 150 años de existencia, en 1974, coincidió con otra de las etapas más oscuras en la historia del Perú. La dictadura de . ¿Son mejores los pronósticos al cumplir 200 años de independencia?

El juicio que hace mi padre a Leguía en su Historia de la república no puede ser más certero. Lo condenó “en bloque y casi sin atenuantes”. Porque representaba no al antihéroe, sino al antidemócrata. Al hombre que no entendió (o lo entendió tan bien que optó por darle la espalda) lo que significa una sociedad regida por leyes. Leyes son las que resulten del procedimiento legislativo establecido, para ser cumplidas por todos. Desde el más humilde de los ciudadanos hasta el más poderoso. Parece mentira que en el Perú, 200 años después, tengamos que insistir en este punto.

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Un Poder Judicial independiente y capaz de hacer respetar el orden legal es uno de los “it”, que se diría en lenguaje moderno, al que el gobernante peruano que nos toque debe dar respuesta. Leguía, tan astuto, se rio del orden judicial. Incluso del orden constitucional que él imprimió. Pues bien, de aquellos polvos, llegan estos lodos.

Como dijo V.A. Belaúnde en aquel discurso: “Luchar por la justicia es la garantía de la libertad y la democracia”. En español castizo de España, quizás gramaticalmente incorrecto: ¡a por ello, Perú!

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