Populismo de centro. (Getty)
Populismo de centro. (Getty)

El populismo puede entenderse como una “ideología delgada”, cuya visión de la política se asienta en (dos ideas-fuerza): una división maniquea de la sociedad (la élite corrupta y el pueblo honesto), y el pueblo como soberano. Esta narrativa permite coligar la ideología delgada del populismo con “ideologías gruesas” de izquierda o de derecha. Por ello es frecuente que diversos populismos sean asimilados a caminos ideológicos extremos. Así emergen liderazgos populistas-socialistas como el de Hugo Chávez, o populistas-conservadores como el de Jair Bolsonaro. En Perú, tierra fértil en rarezas políticas (como el predominio de outsiders y los colapsos del sistema de partidos), germina una extraña especie: el populismo de centro.

La debacle del “elenco estable” peruano, a raíz del caso Lava Jato, resulta la mejor justificación para el discurso populista. Las élites caídas en desgracia pertenecen a posturas ideológicas claramente definidas (y distantes entre sí). Villarán y Humala, de izquierdas; Kuczynski, Toledo y García, de derechas. La hecatombe del establishment criollo ha agudizado la desidentificación del pueblo soberano, honesto y afectado por dicha ruina, con sus representantes, corruptos de diestra y siniestra. Una explicación simplista de la realidad (honestos vs. corruptores) que escinde a amplios sectores sociales. Algo así como: “caviares y DBA son élites corruptas y el pueblo de centro es honesto”. De esta “lectura” enjuta de la crisis, sobreviene el “centro” como única alternativa de posicionamiento e identificación. El “centro” como espacio político idóneo desde donde practicar el maniqueísmo populista.

Sin “ideología gruesa” a la cual aferrarse, el populismo en Perú se afilia a otra “ideología delgada”: el “republicanismo”. Esta doctrina, ya pletórica en significantes vacíos (desde la “República Popular” de China, un autoritarismo, hasta las “repúblicas monárquicas” post-Independencia), sirve de estructura funcional al espacio centrista anticorrupción (la nueva mayoría soberana). La adopción de dicho enmarcado ha facilitado a Martín Vizcarra legitimar un estilo populista de vinculación con la sociedad, articulado en torno a la lucha anticorrupción. Sí, ya estamos en un populismo de centro y hoy, en Perú, ser republicano is the new populista.

No obstante, la demanda de un populismo de centro no garantiza su triunfo en las próximas elecciones. Dependerá de la habilidad de los postulantes a Palacio, generar una oferta adecuada, que toque las fibras que actualmente apoyan la impronta vizcarrista.