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Carlos Basombrío,Opina.21cbasombrio@peru21.com

Pero son ellos, con el escándalo López Meneses, los que le han puesto ahora la cereza a la torta de heces en que se ha convertido la política. Muchos creen que el propio Humala está involucrado, y ojalá que no sea cierto por lo que significa la institución presidencial y dada la estabilidad que el país necesita.

Y no están solos en la acequia. Si no miren quiénes quieren presidir la indispensable comisión investigadora por estos hechos: ¡los fujimoristas! Nada menos que los que crearon a Montesinos se presentan como los moralizadores.

Tienen el cuajo de hacerlo ahora cuando Keiko acaba de tener que devolver aportes a su campaña electoral de un narcotraficante y cuando pende sobre ella una también merecida comisión investigadora.

Qué decir del APRA, que con múltiples vínculos con López Meneses tiene el desparpajo de dar lecciones de moral pública. Claro, este gravísimo escándalo les sirve para que la gente se distraiga de las serias acusaciones contra su gobierno (que podrían llegar hasta lo más alto) por liberar varios peces gordos del narcotráfico.

Hasta Perú Posible se muestra ahora exigente con la moral. Si nos distraemos, nos harán creer que lo de las casas y oficinas de Toledo fue solo un mal sueño. Tampoco las izquierdas se escapan. Y algunas de sus gestiones se mueven con bastante comodidad en el fango.

Estando cerca de la mitad de los congresistas en cola en la Comisión de Ética, no van a alcanzar los restantes para las comisiones investigadoras de los cuatro últimos gobiernos.

En medio del miasma podría emerger algo bueno si aparece alguien creíble, honesto, moderado y competente con ganas de hacer limpieza. Por ahora no hay nadie, por lo que quizás sigamos resignados a alguno de los mencionados como el mal menor en el 2016.