(Foto: AFP)
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El presidente Pedro Castillo se presentó ayer en el foro más importante del mundo, como es la Asamblea General de la ONU, y lejos de disipar la incertidumbre que tiene paralizada la economía del país, insistió en que se debe implementar un nuevo pacto social, es decir, siguió con la cantaleta de la nueva Constitución; una idea que impulsan grupos extremistas como Perú Libre, Movadef, Juntos por el Perú y Frente Amplio.

Curioso, por decir lo menos, como bien apuntó Diego Macera, gerente del IPE, que el gobierno tenga como punto de agenda principal la discusión de una posible convocatoria a una Asamblea Constituyente cuando esa es precisamente “la principal fuente de incertidumbre” en el país, que, como hemos dicho en otras oportunidades, ya está afectando la economía de todos los peruanos

Y no ha sido el único dislate en tan conspicuo periplo. El mandatario se refirió también, por ejemplo, al rol de las mujeres en el mundo contemporáneo. “El nuevo pacto social global debe dar un salto adelante en el ejercicio efectivo de los derechos de la mujer, que son derechos humanos y que más allá de su reconocimiento deben ser efectivamente realizados en los ámbitos locales, regionales, nacionales y mundiales”, aseveró de lo más ufano, mientras que en su gabinete ministerial la presencia femenina es mínima y por Premier tiene a un matoncete acusado de amenazar a una congresista, justamente con epítetos denigrantes sobre su condición de mujer.

El Perú, en el atropellado verbo que aireó en estas comparecencias internacionales, apareció pues como un dechado de democracia, libertad de mercado y derechos para todos.

Pero el capricho perulibrista de cambiar la Constitución no sería sino el último peldaño descendente en el retroceso que viene experimentando la economía peruana después de 25 años de crecimiento sostenido, del que tuvo el cinismo de hacer alarde, cuando en su propio gabinete y el partido oficialista campean los simpatizantes de Sendero Luminoso y un sinfín de enemigos del libre mercado que, de concretarse su soñada Asamblea Constituyente, pretenden devolverle al Estado el dudoso papel de motor de la economía.

Bonito el panorama que pinta ante la opinión pública internacional, señor presidente, pero en qué quedamos: ¿candil afuera y oscuridad en la casa?

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