(Foto: Hugo Curotto / @photo.gec)
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589 peruanos, trabajadores del sector Salud, han muerto por COVID-19 en lo que va de la pandemia. El 52% fueron médicos. El último reporte asegura que al menos la vida de 20 doctores pende de un respirador en una cama UCI. Solo estos datos deberían servir para que todo ser humano de buena voluntad se alegre de que haya empezado la vacunación de médicos, enfermeras, técnicos de la salud en todas las áreas críticas de los hospitales.

Pero no. Aquellos “pobres de espíritu”, que abundan entre politiqueros y oportunistas, hablan de “tomaduras de pelo” y “el show de las cajitas (López Aliaga) y del avión”. Sí, es cierto, hubo despliegue y probablemente excesos, pero no puede haber mezquindad en la ilusión que despierta esa pequeña cantidad de vacunas para los que están expuestos 24/7 al virus, aquellos que viven con el miedo a morirse o a provocar la muerte de sus seres queridos, porque su misión profesional es seguir tratando de salvar vidas en medio de la peor pandemia que ataca al planeta.

Escuchar a Martín Vizcarra criticar la poca cantidad de dosis de inmunización, cuando hoy sabemos que en su gobierno no se cerró ningún acuerdo con los laboratorios –pese a que nos ensayaba diariamente calendarios y millones de vacunas– es, por decir lo menos, vergonzoso.

No me subo, ni lo hice en el pasado, a las olas criticonas por quedar bien, ni a los cargamontones. Pero cuando escucho a quienes han tenido una gran responsabilidad ante el país, pasar al otro lado del mostrador sin la responsabilidad que implica el haber ostentado esa representación, mi decepción es siempre mayor.

Los peruanos tenemos mucha experiencia en escuchar “pachotadas electorales” por oportunismo, pero son imperdonables esas mismas expresiones cuando se ha representado al país. La consecuencia es un valor muy poco apreciado entre nuestra clase dirigente y política, y eso duele y nos destruye.

Yo sí me alegro de que no mueran más médicos y que estos puedan estar con sus seres queridos tras un largo y doloroso día en una sala COVID. Así sea una cantidad simbólica de compatriotas protegidos. Ya nos llegará el momento a los demás.


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