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El Pisco del rey Salomón

Sebastián Piñera

Sebastián Piñera, presidente de Chile. (Foto: Reuters)

El Pisco del rey Salomón. (Foto: Reuters)

Columnista invitado

Por: José Antonio Olaechea

La propuesta hecha por el presidente Piñera suena muy interesante en las palabras, pero no corresponde con la realidad de las cosas. De prosperar una propuesta como esa, Chile no va a ganar una denominación de origen que no tiene y el Perú perdería una denominación de origen que sí tiene. Con el debido respeto a su investidura, la propuesta no suma; más bien, resta.

Es como que mañana el nombre Champagne, denominación de origen de procedencia francesa, sea compartido con los españoles. El resultado sería una destrucción de valor total, ambos productos se verían devaluados y desprestigiados. Si esa hipótesis se hubiese dado en el pasado, España nunca habría creado su denominación de origen Cava para espumosos. Si queremos que una propuesta sume, agregue valor, la propuesta que propone el presidente Piñera, es similar, contradictoriamente, so pretexto de la unidad, a la que hizo Salomón de partir el bebé en dos; insistimos, perdemos ambos, no agrega valor.

El pisco es una bebida peruana totalmente diferente al aguardiente chileno, es un producto único en el mundo, que solo merece ser llamado por su nombre: pisco. La denominación de origen pisco reposa sobre una centenaria verdad histórica, geográfica, en ocho variedades de uva criollas, la mayor parte de ellas, con más de 400 años de aclimatación a nuestro terruño, en métodos de elaboración y características organolépticas únicas. El pisco nada tiene que hacer con otros productos que lo pretenden igualar.

La similitud del nombre de los pueblos, que invoca el presidente Piñera, para avalar el origen de ambos espirituosos, soslaya que el origen del nombre del puerto de Pisco, en la región de Ica, Perú, es histórico y se remonta a tiempos prehispánicos (es decir, más de 500 años) y que el nombre de Pisco Elqui, en la región de Coquimbo en Chile, es relativamente reciente, de los años 30 del siglo XX, cuando se cambió el nombre al pueblo de Unión por Pisco Elqui, con el objetivo de regularizar sus exportaciones de aguardiente, en la época de posprohibición, a los Estados Unidos con un nombre que tuviese el aval de un producto de prestigio como el pisco.

Nuestra propuesta, más bien, siguiendo el famoso juicio de Salomón, es evitar que el niño sea, bajo la apariencia de una unión, partido en dos, lo que lo haría inútil para ambos países; es defender la peruanidad de la denominación de origen pisco. La existencia de un producto con denominación de origen es un diferenciador que crea riqueza. Devaluar nuestra bien reconocida denominación de origen, al generalizarla donde no corresponde, le resta a la región. Más bien, el reto que tiene Chile es uno de imaginación y de agregar una nueva denominación de origen a nuestro continente y la creación de un producto diferenciable, creando así riqueza para la región. Estamos seguros de que Chile cuenta con nombres geográficos muy evocativos y cargados de historia para asociarlos a su aguardiente.

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