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Roberto Lerner,Espacio de crianzaVoy a ser, para variar, contreras. No dejo de leer y escuchar comentarios acerca de los resultados de PISA. Si la educación peruana fuera financiada por las palabras dedicadas a nuestro último lugar y las emociones suscitadas en todos los sectores por los puntajes coleros de nuestros chicos…

¿Miden algo esas evaluaciones rituales que sostienen burocracias para diseñarlas, administrarlas e interpretarlas? Sí, definitivamente, y no es lo mismo estar en el décimo superior que en el inferior. El dominio de las matemáticas, las ciencias y el lenguaje es muy importante.

Pero puede haber un efecto perverso en creer ciegamente que resolver los problemas planteados por PISA en esos campos predice la manera en que las personas van a usar los conceptos centrales en ellos para lograr éxito en sus vidas en general, o en esas disciplinas en particular.

Y puede ocurrir que muchos países, sobre todo los más aspirantes, los más deseosos de sentirse en las grandes ligas, generen enorme presión en sus sistemas educativos y sobre sus jóvenes para que adquieran el tipo de habilidades necesarias para… resolver pruebas tipo PISA.

Así como no mido a los colegios por el número de sus ex alumnos que ingresan en las universidades —si parte de la educación que imparten está orientada a esos exámenes, no mide mucho—, tampoco mi admiración hacia los países descansa en los niveles que alcanzan su jóvenes en PISA. Prefiero mirar el número de premios Nobel que tienen, las patentes que producen, las startups que generan y el dinamismo innovador de sus empresarios.

La calidad de la educación es bastante más compleja y heterogénea que los puntajes PISA.