Matrix
Matrix

En 1999 se estrenó Matrix, película que hoy es considerada un clásico del cine moderno y que abrió la cancha para la carrera de su protagonista, Keanu Reeves. Cuando la vi, la digerí sin masticarla, como una entretenida película de acción y ciencia ficción, con grandes efectos especiales (para la época) y una trama compleja, pero cautivadora.

La película postula una realidad simulada, percibida por las personas como la realidad irrefutable y un grupo de resistencia que libera a las mentes de este mundo cómodo pero falso. El mundo real parece más infierno que Tierra y está dominado por las máquinas. Solo un puñado de rebeldes se enfrentan al sistema, tanto en el mundo real como en el virtual.

Pero es mucho más que una trama futurística, porque propone cuestiones filosóficas y existenciales para elaborar la narrativa. La primera vez que vi la película, no pude notar estas particularidades. Esta vez, más de 20 años después, las cosas han cambiado y volver a verla me permitió hacer una comparación con algo que vivimos actualmente: el negacionismo.

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Nos enfrentamos diariamente ante información verdadera y falsa, y por más que la veracidad de la información está determinada por las evidencias de la realidad, optamos por ser nosotros los jueces de la realidad y no la evidencia empírica misma. Construimos una realidad basada en lo que nos guste o nos incomode menos, ya que evitamos la confrontación y preferimos el placer de la ignorancia.

¿Qué es mejor, vivir en una mentira cómoda o enfrentar la realidad por más dura que sea? La píldora azul y la píldora roja representan esa decisión en la película. El personaje principal, Neo, debe elegir entre tomar la píldora azul que lo devuelve a la realidad simulada o la roja que lo llevará al mundo real donde encontrará respuestas que solo traerán más problemas.

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Evidentemente, Neo toma la píldora roja y empieza el segundo acto, lleno de conflicto. Pero en el día a día, ¿Cuántos de nosotros elegimos la píldora roja? Es cómodo llenarnos de información que refuerce lo que ya creíamos, pero el camino para hallar la verdad no es ni corto ni fácil. Tomar la píldora roja es atreverte a estar equivocado, característica que en la era de la información es un rasgo recurrente, con peor reputación que un crimen, pero que nadie quiere aceptar.

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