Palacio Pedraglio
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La encuesta Cultura Política de la Democracia en Perú y en las Américas, 2016/2017 trae un dato preocupante: solo 52.7% de los peruanos apoyan la democracia, cifra que lo ubica en el puesto 22 de los 29 países donde se aplicó la encuesta.

Uruguay es el país de América cuya población apoya más firmemente la democracia (82,4%), por encima de Canadá, Argentina y EE.UU. El dato muestra que, dependiendo de sus gobernantes, en los países latinoamericanos es posible construir democracias con un mayor reconocimiento que en países anglosajones “inventores” del sistema y adalides de su promoción.

Entre los países que apoyarían un golpe militar en condiciones de “alta delincuencia”, el Perú se ubica en el segundo lugar (55.3%), solo superado por Jamaica (59.3%). ¿Dónde se encuentra el menor apoyo a un golpe en esta circunstancia? En EE.UU. (23.3%) y Uruguay (25.4%). En el caso de apoyo a un golpe militar “bajo alta corrupción”, el Perú se ubica tercero (50.8%), superado solo por Costa Rica (53.2%) y Jamaica (53.2%).

Los porcentajes permiten constatar que en el Perú la democracia no es un ejemplo de solidez. Las cifras expresan una evidente insatisfacción frente al régimen político y los partidos, tal como se ve en múltiples otras respuestas.

¿Qué hace el Congreso por enfrentar esta peligrosa desazón? En un contexto de denuncias por financiamiento ilegal de campañas electorales, se resiste a poner más candados y elimina la obligatoriedad de presentar informes financieros a la ONPE durante la campaña. No contentos con esto, a pesar del desgaste de los liderazgos, el Apra y Alianza para el Progreso buscan limitar la renovación de los representantes políticos al presentar sendos proyectos de ley para imponer como condición para postular a congresista o presidente tener por lo menos tres años de inscripción en la organización política por la que se presentan. Para decirlo en breve: sobre piedras, palos.

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