Perú21
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La vorágine del acontecer de los hechos políticos en el Perú puede abrumar hasta al más pintado. Las noticias llegan no a velocidad de crucero, sino de mareo. Y si uno como sujeto no está, a la vez, sujeto a la realidad, puede perderse para siempre en el remolino sin pausa del acontecer nacional. Bien dicen que, a nivel político, lo que ocurre un día en el Perú podría demorar semanas en Europa.

¿Y si condensamos el gobierno de Castillo en una semana?

Domingo

Programas dominicales confirman la bomba periodística que ha venido circulando a modo de rumor en las redes sociales: palabras más, palabras menos, la noticia indica que el presidente Pedro Castillo encabezaría una organización criminal que ha venido robando al Estado prácticamente desde el inicio de su mandato o, al menos, media hora después. En Palacio de Gobierno, los allegados y familiares de Castillo, involucrados en estos ilícitos, temen por su futuro inmediato y entran en pánico. Sin embargo, paulatinamente recuperan la tranquilidad al ver, sorprendidos, la calma de Castillo. Envuelto en una serenidad milenaria, el presidente parece incluso esbozar una sonrisa de satisfacción. El misterio termina cuando, embobado frente al televisor, se le escucha murmurar: “Carajo, al menos están diciendo que soy un líder”.

Lunes

El presidente Castillo no se pronuncia sobre la denuncia. En cambio, viaja en el avión presidencial a Cajamarca, donde relata la increíble historia del pollo cuántico, que al mismo tiempo existe y no existe, algo así como su propio gobierno. Mientras tanto, en Lima, el exministro de Cultura, actual ministro de Trabajo y permanente ministro de Defensa de Castillo, Alejandro Salas, recorre sin desmayo los medios de comunicación. En cada uno de ellos, Salas, sin que se le mueva una pestaña, trata de convencer al país de la inocencia de Castillo: “Yo voy a seguir creyendo en el presidente hasta que se pruebe lo contrario, o hasta que ocurra algo peor”. “¿Que lo vaquen? No, que me saquen del gabinete”.

Martes

A pedido de la Fiscalía, el Poder Judicial dispone la captura de funcionarios, allegados, sobrinos y cuñados de Pedro Castillo. Cuando la Policía los ubica, algunos ofrecieron resistencia, otros, más prácticos, yapeos y transferencias. Al final de la jornada, los que siguen en calidad de prófugos son tres: el exministro Juan Silva, licitador sin par y sin vergüenza, el sobrinísimo Fray Vásquez –conocido como Lay en el grupo aéreo N°8– y Alejandro Sánchez, el dueño de la inesperadamente famosa casa del jirón Sarratea, ex bunker presidencial. Mientras tanto, los aliados de izquierda que llevaron a Castillo al poder no dicen esta crítica es mía. Sin embargo, la única en responder con claridad es Verónika Mendoza. Consultada sobre la denuncia contra Castillo, la lideresa se muestra tajante y responde sin medias tintas: “No voy a opinar”.

Miércoles

Los congresistas de oposición descubren de la peor manera que el gobierno de Pedro Castillo había infiltrado sus huestes. Así, el concierto de los niños cantores de Sarratea desconcierta al Congreso y no se puede alcanzar los votos necesarios para la vacancia presidencial. Ello para el solaz y esparcimiento de los que prefieren –y aplican– la vagancia congresal. En tanto, el ministro Alejandro Salas vuelve a los medios y asegura que Castillo no solo es inocente de los casos de corrupción conocidos, sino de los que se conocerán. “Yo he hablado con el presidente”, dice Salas. “Mirándome a los ojos, me ha asegurado que no conoce nada de los casos de corrupción, tampoco de esos supuestos informantes; es más, que ni siquiera conoce a sus familiares. ¿Por qué no le voy a creer?”.

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Jueves

La fiscal de la Nación presenta una denuncia constitucional contra el presidente Castillo por encabezar una organización criminal y la acompaña con una serie de indicios que la respaldan. A su turno, el presidente Castillo asegura que la denuncia constitucional es inconstitucional, según se lo ha dicho el premier Aníbal Torres. Asimismo, congresistas de Perú Libre convocan a una conferencia de prensa y señalan que la denuncia constitucional –un documento de casi 400 páginas– es, desde todo punto de vista, impresentable: “Los márgenes son muy pequeños. No han respetado las sangrías y mejor no comento sobre el tipo de letras. Esto debe ser rechazado por cualquier autoridad”.

Viernes

El presidente Castillo, acompañado de todo su gabinete, da un mensaje dirigido a Luis Almagro, a la Organización de Estados Americanos (OEA) y, de paso, a la nación. En él, asegura que siempre han querido quitarle el poder, incluso antes de tenerlo. De tal afirmación deviene la siguiente pregunta: ¿Alguien puede perder algo que todavía no tiene? Entramos ya en el terreno metafísico, tan a fin al tenor de los relatos avícolas presidenciales. Castillo también se lamenta de una supuesta persecución a sus familiares. “No podrán convertirlos en colaboradores eficaces. Yo los conozco. Créanme”, sostiene. “No son colaboradores y mucho menos eficaces”. Concluye enviando un enigmático llamado a la OEA: “Oh, ¿y ahora alguien podrá ayudarme?”.

Sábado

El Ministerio del Interior sigue sin colocar a Alejandro Sánchez, el dueño de la casa de Sarratea, en la lista de los más buscados. El ministro Willy Huerta asegura que esta situación se revertirá apenas encuentren la lista. Por otro lado, Luis Almagro anuncia que está preocupado por lo que puedan hacer los peruanos, aunque no tanto como los peruanos estamos preocupados por lo que él pueda hacer. En tal sentido, informa que una delegación de la OEA vendrá en los próximos días para ver cuál es el verdadero clima democrático en nuestro país y, además, para verificar si nuestra gastronomía mantiene sus altos niveles de calidad. Bon appetit.

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