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Guillermo Giacosa,Opina.21ggiacosa@peru21.com

Dice Amnistía Internacional: durante la última década disminuyó la aplicación de la pena de muerte. Diecisiete nuevos países la han abolido elevando a 140 las naciones que no la practican. Sin embargo, EE.UU. y China siguen aplicándola con atroz regularidad.

En 2011, solo 21 países realizaron ejecuciones, frente a 28 que lo hacían cuando se celebró el primer Día Mundial contra la Pena de Muerte (1977). Algunos países han reducido los delitos punibles con este castigo.

China, que es quien más ejecuta, abolió la pena de muerte para 13 delitos no violentos y cuando el acusado es mayor de 75 años, pero amplió la pena capital a delitos adicionales. Irán, Arabia Saudí y Singapur aplican esta pena a delitos de narcotráfico. En 2012, Irak, la franja de Gaza y Arabia Saudí aumentaron su cifra de ejecuciones. Casi un tercio de los ejecutados en Arabia Saudí eran presuntos narcotraficantes, en su mayoría extranjeros. Botsuana, Japón y Gambia han reanudado las ejecuciones, y lo propio ocurrirá con India.

La discriminación sigue siendo importante en la imposición de la pena de muerte, ya que es frecuente que personas con menos dinero, menos acceso a abogados o menor conocimiento del idioma local sean las condenadas. Entre los delitos punibles con la pena capital se encuentran "terrorismo", relaciones homosexuales y causas religiosas. Las minorías kurdas y religiosas de Irán reciben una cantidad desproporcionada de condenas de muerte.

"Ningún sistema de justicia penal, dice Amnistía, es perfecto, por lo que siempre existe un riesgo real de ejecutar a un inocente y ningún Estado puede justificar ese riesgo".