A la sombra del dictador. (Reuters)
A la sombra del dictador. (Reuters)

Tarde o temprano Pedro Castillo se tenía que reunir con el dictador venezolano Nicolás Maduro, lo cual, de alguna manera, demuestra que no solo Vladimir Cerrón es admirador del chavismo, sino también el propio mandatario. Y, como reveló Perú21, lo hizo a puerta cerrada, faltaba más: al menos en sus vicios antidemocráticos este gobierno guarda alguna coherencia. Definitivamente, las negociaciones bajo la mesa o a espaldas de la opinión pública son lo suyo.

A diferencia de otros mandatarios de la región, que aprovecharon los foros de la Celac y de la ONU para condenar claramente los abusos y las arbitrariedades que vienen ocurriendo en Venezuela y Nicaragua, nuestro jefe de Estado, por el contrario, le abrió las puertas de par en par a Maduro en una cita a solas, a escondidas, cuando ambos coincidieron en México. ¿Qué conversaron? Hasta ahora nadie lo sabe, más allá de lo que dijo el propio Maduro en Caracas: crisis migratoria y compra de alimentos (que podría ser en realidad donación de parte del Perú, pues la economía venezolana está totalmente quebrada).

El Canciller Oscar Maúrtua, ciertamente, tendrá que responder sobre el contenido de la reunión entre ambos presidentes ante la Comisión de Relaciones Exteriores del Parlamento, aunque como se sabe, él mismo fue dejado de lado y no participó del encuentro.

Recordemos que esta historia comenzó con una declaración del viceministro Luis Enrique Chávez, que se limitó a describir, técnicamente, el tipo de relaciones que desde enero nuestro país tiene con Venezuela (no se han roto relaciones diplomáticas, pero tampoco se ha reconocido como autoridad legítima a Maduro y las relaciones se mantienen solo a nivel consular), a lo que Bellido retrucó de manera prepotente y con un desconocimiento absoluto de los protocolos y tratados internacionales. El intercambio que, por supuesto, dio lugar a nuevos cruces y posicionamientos en el gabinete, que hace tanta agua que ya parece un aniego.

Y todo por defender a un dictadorzuelo que tiene a su país en ruinas y prácticamente aislado, pero a quien Vladimir Cerrón, y sus adláteres, no se cansan de demostrar genuflexa veneración. El presidente Castillo, en cambio, debe explicar qué beneficio traerá al país ese encuentro que, para variar, se realizó en la sombra.