El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. (Presidencia)
El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. (Presidencia)

Gracias a una extraordinaria investigación periodística, liderada por Eduardo Quispe, reportero del programa Cuarto poder, los peruanos nos enteramos el domingo por la noche de que somos gobernados por una personalidad política disociativa. Por una persona que alterna dos identidades políticas, que se muestra en una versión cuando es de día y en otra, distinta, cuando es de noche.

De día, el presidente Pedro Castillo usa un sombrero de ala ancha como los campesinos de Cajamarca, habla del pueblo en primera persona y se desplaza desde Palacio de Gobierno hasta las plazas del país rodeado de guardias de seguridad del Estado que lo protegen de los periodistas que intentan arrancarle, aunque sea, una declaración.

Pero de noche, más bien de madrugada –lo vimos el domingo en la pantalla de América–, usa una gorra como los cambistas cuando necesitan pasar piola, habla de licitaciones y negocios, y se desliza como una sombra con el cuello de su chaqueta levantado desde el asiento trasero de uno de los autos asignados a Palacio, hasta el umbral de la puerta de una casa prestada en Breña y administrada, por así decirlo, por su sobrino Fray.

A la luz del día, a Palacio llegan ministros, autoridades y una serie de personajes todavía desconocidos para reunirse con el mandatario. Pero, a altas horas de la noche, a la casa de Breña llegan en autos de lujo sujetos camuflados, agazapados en la penumbra, para hablar de negocios con la versión nocturna del actual presidente del Perú.

Ayer, la Contraloría General de la República, la Defensoría del Pueblo, la Procuraduría General del Estado y los voceros de los más importantes partidos políticos en el Congreso anunciaron o solicitaron, dependiendo de sus funciones, exhaustivas y diligentes investigaciones para establecer la pertinencia de los encuentros nocturnos que sostiene el presidente en un despacho paralelo que mantiene al margen de las vigentes leyes de transparencia refrendadas en la Constitución.

La reacción institucional ha sido unánime: ¿qué hace el presidente de la República gestionando intereses en una oficina disimulada y en la más profunda nocturnidad?

Transcurren las horas y la indignación crece y es compartida por cuanto ciudadano alcanza a enterarse del apetito con el que viene actuando Pedro Castillo, un político que no tiene consigo el respaldo mayoritario ni la estabilidad necesaria para gobernar, y que, en lugar de concentrarse en construir gobierno para abordar los principales problemas del país, se mantiene ocupado –usando incluso sus horas de descanso porque recibe negociantes durante la madrugada– en asuntos, vamos a llamarlos, fuera de orden.

La corrupción es endémica en nuestro país. En las últimas semanas cayeron y fueron a dar a la cárcel acusados de corruptos dos gobernadores regionales, el de Arequipa y el de Puno, ambos comparten discurso y línea ideológica de izquierda con Perú Libre y Castillo Terrones. ¿Compartirá el presidente el mismo final?