(Foto: Presidencia)
(Foto: Presidencia)

Todo lo que estamos viviendo a causa de un gobierno de talante autoritario y enlodado en corrupción va a terminar destruyendo nuestro país. Debe ser decepcionante este momento para aquellos votantes que creyeron de verdad que Castillo representaba un cambio en el modo de hacer política en beneficio de quienes más lo necesitan.

“No más pobres en un país tan rico”, decía en campaña y hoy asistimos a un empobrecimiento moral, político y económico en picada.

Imagínense. Llegar al poder, tener la oportunidad de hacer las cosas correctas para que millones de peruanos se vean beneficiados, lograr despertar esa esperanza y terminar haciendo todo lo contrario. Nadie da lo que no tiene; hoy sabemos que ese idealizado Pedro Castillo no resultó ser más de lo mismo, sino que terminó siendo lo peor de los políticos de siempre.

Deberíamos estar profundamente indignados luego de oír cómo planifican capturar el Estado en los audios presentados por Butters en Willax. Los lamentables nombramientos y designaciones que ha hecho siempre el presidente Castillo sintonizan perfectamente con la sustancia de esos audios entre Zamir Villaverde y el exsecretario de Palacio de Gobierno Bruno Pacheco.

El que no quiere reaccionar porque le disgusta la fuente está en negación y debería, al menos, pedir que se investigue porque hay muchos actos de este gobierno que conectan con lo que conversan en esos audios.

Lo peor que podemos hacer ante un gobierno de características destructivas como el actual es someternos y claudicar en nuestro rol ciudadano. Y eso parece estar ocurriendo porque nos hemos olvidado cuál es la esencia de ser ciudadanos, que consiste en cuestionar, pedir cuentas, desconfiar de los gobernantes, limitar su poder e indignarnos cuando asaltan el país o cuando perjudican nuestras economías familiares, nuestro día a día.

Salir del declive va a depender de si seguimos en esa actitud ciudadana de sometimiento o no. Es bastante desesperanzador que este gobierno nos esté robando tantas cosas, pero sería imperdonable que nos dejemos robar también la capacidad para indignarnos.