notitle
notitle

Enrique Castillo, Opina.21Ya lo hemos dicho. Una de las principales banderas de la campaña nacionalista fue la lucha contra la corrupción. Tanto así que uno de sus principales lemas fue el de "Honestidad para hacer la diferencia".

Durante los primeros años de este gobierno, el Presidente acusaba a sus antecesores y rivales políticos de haber hecho mal uso de los recursos públicos, o de haber favorecido a ciertos grupos empresariales con determinadas decisiones. Ciertas investigaciones hechas públicas y algunos hechos por todos conocidos parecían darle la razón. El gobierno marcaba por lo menos una diferencia.

Pero luego varias denuncias y cuestionables hechos han empezado a hacer que la percepción ciudadana dude sobre la autoridad moral de esta administración para acusar a otras.

Han sido varias las acusaciones que han envuelto a congresistas, a funcionarios, y ahora a ministros de Estado; y varios también los "blindajes" que le han salvado o le han alargado la vida política a los protegidos del gobierno. Y mientras esto sucede ahora a menudo, ya no hay más frases enérgicas que pregunten por qué es tan difícil caminar derecho.

No sabemos si es porque no se tiene gente capaz de reemplazar a los denunciados, o porque se evita dar una imagen de inestabilidad, pero lo cierto es que el gobierno prefiere –para su propio mal– quedarse con la "pechera manchada" y defender lo indefendible.

Esto no solo impide que los ministros se dediquen a hacer bien su trabajo –porque no pueden dar la cara, o porque en su ministerio todos creen que en cualquier momento caen–; o que los congresistas dicten buenas leyes –porque tiene que "negociar" su salvación–, sino que deja la sensación de que nada ha cambiado, y de que nada cambiará en un futuro cercano.

Porque es seguro que al día siguiente de que se instale el nuevo gobierno, ya habrá una nueva megacomisión levantando todas las alfombras de Palacio de Gobierno y de los ministerios.