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director@peru21.com

Hay que saludar la captura del abogado Rodolfo Orellana llevada a cabo por la Fiscalía nacional, la Policía peruana y colombiana, la Interpol y la DEA. No es momento de ser mezquinos, sino de celebrar que este sujeto (incalificable por el momento) vaya a pasar por los procedimientos judiciales de rigor cuanto antes.

Rodolfo Orellana hizo una carrera que deberá ser, por sus métodos y resultados, objeto de estudio. ¿Cómo es que logró perforar casi cada institución existente, forjando un emporio y una red a lo Montesinos? ¿Es que no hemos aprendido nada desde los 90? ¿Estamos tan quebrados institucionalmente que nos encontramos a merced de este tipo de personajes?

Si bien es cierto que la red montesinista se forjó desde el poder central y se amplió a niveles insólitos (lo que la convierte en un caso único y de un nivel de corrupción incomparable), la madeja tejida por Rodolfo Orellana es impresionante: penetró el Poder Judicial, la Fiscalía, el Congreso, el Colegio de Abogados y un largo etcétera de instituciones. Para darle viabilidad económica y obtener impunidad política, Orellana emprendió causas financieras y fundó medios, que utilizó para perseguir y calumniar a sus opositores bajo la coartada de la "libertad de prensa y expresión". Y claro, caso a caso, fue amasando fortuna y poder, que utilizó para seguir ampliando su red y amedrentar a sus enemigos, llegando a jaquear a muchos con amenazas judiciales.

Como en el caso Montesinos, la prensa jugó un papel crucial en su caída y captura, lo que nos debe alentar a permanecer alertas frente a este tipo de organizaciones delictivas. Mientras nuestras instituciones puedan ser víctimas de cooptación por parte de redes criminales, la prensa deberá cumplir ese rol fiscalizador; por ello es que el Poder Judicial debe brindar mayores garantías y mayor libertad de acción a la prensa independiente.

Ayer se dio un paso muy importante en la lucha contra la corrupción; ojalá demos el siguiente (la captura de Martín Belaunde) pronto.