(Foto: Congreso)
(Foto: Congreso)

Que únicamente el 9% de la población apruebe el desempeño del Congreso, según un sondeo nacional de Ipsos, es mérito exclusivo y directo de los partidos que actualmente lo dominan. La encuesta solo añade escarnio al tremendo revés sufrido por estas organizaciones políticas y su interesada declaración de vacancia presidencial, con la que el 94% de los encuestados se muestra en desacuerdo.

Cifras contundentes que reflejan lo que se expresó en las calles la semana pasada, cuando la ciudadanía decidió tomarlas en protesta contra la entronización presidencial de una cúpula parlamentaria que había demostrado, en reiteradas oportunidades, su nulo interés por atender las necesidades reales del país.

Porque la movilización masiva de la juventud no fue en defensa del presidente depuesto: fue en rechazo a ese conglomerado de representantes de distintas tiendas políticas que asaltaron la presidencia de una manera amañada e irresponsable. Una alianza de bancadas que, en su desmedida ambición y búsqueda de beneficios particulares, ponía en riesgo no solo la salud y la economía de los más vulnerables, sino avances específicos en beneficio del Perú, como, por ejemplo, la reforma universitaria.

¿Cómo se han tomado estos sucesos en los partidos políticos? La renovación es un clamor que viene también desde dentro, desde los jóvenes, para reemplazar a las viejas castas dirigenciales, esas que los han arrastrado al desprestigio en que hoy se encuentran.

En APP decenas de militantes renunciaron en un acto público, en La Libertad, ante la sinuosa conducta de su líder César Acuña y la argolla que lo asiste. Y ayer en Acción Popular, frente a su local, se congregó una compacta multitud a protestar y exigir a viva voz una reorganización perentoria, pues el partido que fundó Fernando Belaunde Terry queda con una imagen muy manchada por su protagonismo central en la reciente crisis política, y que de hecho no se limpiará así toda su variopinta dirigencia se dedique a comer chicharrones ante cámaras por el resto de sus vidas.

La renovación de la clase política peruana ya no es cosa de simple blanqueo de imagen o marketing electoral, lo que el país demanda es una refundación completa.

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