MANO LARGA. A Villena se le fue la mano y se quedo sin su fajín ministerial. (Rafael Cornejo)
MANO LARGA. A Villena se le fue la mano y se quedo sin su fajín ministerial. (Rafael Cornejo)

Cuando el presidente Humala y el gobierno esperaban un fin de año con tranquilidad, en el que solo se hablara sobre la defensa peruana en La Haya, el escándalo protagonizado por el entonces ministro de Trabajo, José Villena, remeció la estructura misma del Ejecutivo y obligó al mandatario a apresurar un cambio en el gabinete.

El 27 de noviembre, Villena se encontraba en Arequipa cuando fue convocado por el mandatario. El ministro llegó tarde al aeropuerto Rodríguez Ballón y por más que intentó detener el despegue del avión con argumentos de que se trataba de "un asunto de Estado", la nave emprendió vuelo.

La ira que sentía el ministro la descargó contra la trabajadora de la empresa LAN Ana Ramos, a quien agredió verbal y físicamente. Cuando se conoció el escándalo, el ministro tuvo que volver, casi a escondidas, a Arequipa para superar el impasse. Ofreció disculpas a medias pues negó haber agredido a Ramos. Para mala suerte de Villena, su versión fue desmentida por los certificados médicos que probaron que la trabajadora de LAN había sido víctima de una agresión.

El domingo 9 de diciembre el caso era insostenible y Humala optó por el relevo. Como un mensaje para el país, convocó a una mujer.