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Palo que nace doblao…

“Hoy, los partidos son grupos de interés, con vocación pública, pero limitados a una participación ciudadana de baja intensidad. Y así seguirán siéndolo. Es hora de sincerar el debate”.

Pleno del Congreso

Congresistas de dos bancadas saludaron la inhibición del juez supremo Aldo Figueroa. (Foto: Anthony Niño De Guzmán / GEC)

Palo que nace doblao… (Foto: Anthony Niño De Guzmán / GEC)

Carlos Meléndez
Carlos Meléndez

Los promotores de la reforma política proponen un objetivo ilusorio: fortalecer partidos políticos y acercarlos a la gente. Añoran partidos fuertes y se declaran nostálgicos de un pasado que no fue. Perú no “volverá” a tener partidos fuertes porque nunca los tuvo, ni los tendrá. La interrupción democrática, permanente durante el bicentenario, unida al colapso partidario de inicios de los noventa y a la debacle del “elenco estable” inhiben estructuralmente cualquier florecimiento de partidos enraizados socialmente.

Si a ello le sumamos el declive global de la partidocracia, estamos más cerca de la extinción de: la militancia activa, la membresía ampliada, los locales abiertos al público. Hoy, los partidos son grupos de interés, con vocación pública, pero limitados a una participación ciudadana de baja intensidad. Y así seguirán siéndolo. Es hora de sincerar el debate: palo que nace doblao, jamás su tronco endereza.

Un partido, en teoría, cumple dos funciones básicas. Por un lado, organiza a políticos ambiciosos y articula el involucramiento de la gente en política a través de sus estructuras. Mas, en un escenario poscolapso partidario como el peruano, esa tarea es imposible. Por otro lado, un partido promueve ideas-fuerza (ideologías es mucho) que sintonizan con las demandas ciudadanas, de modo que generan “marcas partidarias” que buscan prestigio. Tarea viable que sí han desempeñado los partidos peruanos, aun en medio de las crisis políticas que hemos atravesado. Si usted quiere “cambios al modelo neoliberal”, lo más probable es que simpatice con Verónika. Si usted no quiere que “se metan con sus hijos”, de seguro estará más cerca del fujimorismo de Keiko. Esos son los partidos actuales: atraen a los interesados mediante sus ideas-fuerza y no porque se promuevan artificialmente acercamientos obligatorios de la ciudadanía a través de primarias abiertas.

No se confunda tampoco. No propongo conformarnos con partidos débiles, sino impulsar partidos livianos, light. Estos se “abren” a la gente voluntariamente, a través de la producción y difusión de propuestas políticas en temas relevantes, que atiendan problemas sociales concretos. Son más think-tanks que burocracia de comité provincial. Son núcleos de technopols que producen proyectos de ley y propuestas de políticas públicas; no una estructura de favores para quienes movilizaron en campañas. Esta es la discusión de fondo. Para ello, necesitamos reformar nuestro debate sobre la reforma.

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