Ambos candidatos tendrán que afinar sus estrategias para convencer al grueso de indecisos y arrancarse los votos de los sectores D y E que podrían definir una final de infarto, señala el columnista.
Ambos candidatos tendrán que afinar sus estrategias para convencer al grueso de indecisos y arrancarse los votos de los sectores D y E que podrían definir una final de infarto, señala el columnista.

En una portada de la, en los tiempos de la dictadura militar, con la fotografía de una intervención a sus oficinas, pergeñó un titular célebre: “Pálidos pero serenos”, que graficaba la situación que se vivía en esos momentos y el estado de ánimo de los periodistas de aquel histórico medio de comunicación. Esta frase debería servir para describir el panorama luego de los resultados de las elecciones del 11 de abril y las encuestas de Ipsos de la semana pasada. Pálidos, casi todos.

Existe una tendencia favorable a Pedro Castillo que deja pasmado a un buen sector del electorado nacional. Los aires chavistas empalidecen a cualquiera; si no, preguntemos a los profesionales venezolanos que en el Perú hoy son ambulantes, taxistas o cumplen cualquier tarea que nunca habrían imaginado antes de elegir a Hugo Chávez.

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En el ala derecha, sorprendidos están los empresarios que, con Castillo en el poder, verían seriamente comprometidas sus inversiones en banca y minería, principalmente, dado el radicalismo del plan de gobierno del “lapicito”. Más pálidos y molestos aún están los hombres de prensa, que también ven en él a una amenaza grave para la libertad de expresión.

El lado izquierdo peruano, salvo los radicales, también ha sufrido urticaria aguda con el triunfo del candidato de Perú Libre. Los odios que acumularon por años contra Alberto Fujimori, su nefasto socio Vladimiro Montesinos y la propia Keiko Fujimori, los ha distraído tanto que no previeron el avance del proyecto autoritario, que no tolerará matices contrarios (progresistas y Patria Roja, entre otros), y que ha crecido en sus narices con el aporte organizativo del Movadef, brazo político de Sendero Luminoso.

Ahora, esta izquierda tendrá que decidir si apoya al radicalismo prosenderista o vota por Keiko, aunque, para ello, tenga que taparse la nariz. Una muestra de la urgencia de estos tiempos es la postura del Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, quien, sin medias tintas ni poses literarias, llamó a votar por la candidata fujimorista.

¿Guardarán la serenidad los electores? Lo dudamos. El candidato-maestro, con varios años de licencia sindical, y supuesto agricultor pobre (imagen falsa con la que intenta conquistar más votos), está empeñado en “agudizar las contradicciones” entre ricos y pobres, “ciudad y campo”, “capitalismo y comunismo”, la vieja estrategia de la izquierda radical.

De aquí en adelante, ambos candidatos tendrán que afinar sus estrategias para convencer al grueso de indecisos y arrancarse los votos de los sectores D y E que podrían definir una final de infarto. En medio de este panorama, los ciudadanos de a pie no estamos ni pálidos ni serenos; estamos dolidos, estresados, frustrados y cansados de tanto miserable que gobernó el país y las regiones, y nos dejó en manos del virus de la corrupción y el COVID-19.

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