notitle
notitle

Santiago Pedraglio,Opina.21spedraglio@peru21.com

Más aún, que los brasileños protesten porque habrá un Mundial en su territorio va a contracorriente de la visión instalada en el imaginario global, que los ve como sinónimo de espíritu lúdico, de samba, camiseta auriverde y 'jogo bonito'.

Las protestas, convocadas por el 'Movimiento do passe livre', se iniciaron ante el aumento de las tarifas de transporte público en Sao Paulo; se extendieron a otras ciudades y se sumaron reclamos sobre educación y salud, y contra el uso de recursos públicos para organizar el Mundial de Fútbol. El alza de pasajes quedó en nada, pero las movilizaciones tomaron otro vuelo al conjugarse con demandas insatisfechas y expectativas frustradas por los deficientes servicios públicos.

Sin entrar a hablar de la llamada Primavera Árabe, lo que ocurre en Brasil recuerda las masivas y sostenidas protestas contra el lucro en la educación en Chile, que han dado lugar a que Michelle Bachelet lance como primera oferta de campaña para las elecciones del 2013 (el 30 de junio son las primarias) la gratuidad de la enseñanza superior. También evoca las movilizaciones en Estambul (Turquía), encendidas por la pretendida afectación de un parque central para instalar una zona comercial.

En esos países emergentes, estrellas del nuevo crecimiento, las movilizaciones se han producido en sus capitales y en grandes urbes, ligadas a mejores condiciones de vida y no necesariamente de subsistencia. Queda visto que el crecimiento no es un antídoto contra la protesta; por el contrario, puede disparar nuevos –y justos– paquetes de demandas ciudadanas.