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Fritz Du Bois, La opinión del directorCapaz sea el boom inmobiliario, el cual lamentablemente muestra visos de estarse frenando, lo que haya llevado a la pérdida de inhibición para firmar compromisos de largo plazo y es por ello que tanto político da la impresión de haberse hipotecado.

Empecemos por nuestro mandatario. Es claro después del silencio que guardó cuando Maduro atacó al entonces canciller –que al final de cuentas estaba bajo su mando– y de la manera tan poco elegante con la que luego procedió a reemplazarlo, que el mantenerse en buenas relaciones con el venezolano es más importante para Humala que defender a su propio gobierno o a sus subordinados.

Sin embargo, Venezuela no nos da ningún subsidio –como si se lo da al régimen cubano– ni tiene gran importancia económica o comercial en general para los peruanos. Así que uno se pregunta: ¿Qué puede haber detrás para que la amenaza de Maduro haya elevado la ansiedad presidencial a tal grado?

Posiblemente la respuesta esté en el financiamiento de dos campañas electorales y en los ingresos familiares durante el periodo en el cual Humala estuvo en la oposición sin haber realizado trabajo remunerado, de algo tienen que haber vivido en ese lapso. Así que no sería extraño que la pareja presidencial haya firmado más de una letra durante esos años y ahora se la están ejecutando.

En todo caso, solo queda confiar en que los pagarés en cuestión no sean demasiados y que con la cabeza de Roncagliolo se haya cubierto lo que tenían adeudado. Caso contrario, sería desastroso para el país tener a lo largo de todo un mandato a un presidente atado de manos y temeroso de plantarse frente a otra nación cuando nos estén maltratando.

Por otro lado, Toledo también parece haber perdido el temor al endeudamiento. Luego del descarado blindaje que recibió del oficialismo para impedir que los negocios inmobiliarios de su suegra sean investigados, no tenemos la menor duda de que el apoyo que le han dado le va a costar bien caro. En primer lugar, ya pueden ir olvidando en Perú Posible cualquier intención de presidir el Parlamento, la letra que Toledo ha aceptado lo obligará a irse con el Gobierno y votar por su candidato.

Incluso también se le puede haber complicado a él mismo el sueño, poco realista dicho sea de paso, de liderar en 2016 una coalición de izquierda con los nacionalistas. Considerando la angustia con la que estuvo llamando a enemigos y allegados, tratando de cancelar el acuerdo que habían tomado, no hay duda de que estaba desesperado. En esas circunstancias, su capacidad de negociación estaba disminuida y no le debe de haber quedado otra alternativa que firmar el pagaré sin siquiera revisarlo.

Con lo cual al leer las cláusulas que ha aceptado se dará con la sorpresa de que la reelección conyugal sí estaba en la agenda y que él es ahora un partidario obligado.