notitle
notitle

Las negociaciones en La Habana entre las FARC y el Gobierno Colombiano, superando dificultades, escepticismos y zancadillas, han conseguido un gran éxito. Las FARC (denominadas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) decidieron suspender unilateralmente sus acciones guerrilleras y terroristas como una muestra importante de la seriedad de su planteamiento de abandonar el camino de su lucha armada.

Antes, el gobierno del presidente Juan Manuel Santos había decidido sancionar a ciertos efectivos militares por los llamados "falsos positivos" (asesinaban a campesinos, los trasladaban a otra región y los hacían pasar por subversivos para cobrar la recompensa); y también aprobó que la Unión Patriótica, antigua expresión electoral de las FARC, recobrara su inscripción legal participando en las últimas elecciones donde en la segunda vuelta apoyó críticamente la reelección de Santos.

Estas negociaciones, apoyadas por el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, y felicitadas por el presidente Ollanta Humala, buscan ser torpedeadas por el conservadurismo uribista y el sector más duro de los militares en retiro que se sienten acosados por los organismos de derechos humanos.

Pero el camino de la negociación para la paz continúa. Ahora, el Ejército de Liberación Nacional (ELN), la otra menor organización guerrillera y terrorista, ha solicitado iniciar las negociaciones con el gobierno de Santos y ha declarado que, llegado el caso, también suspenderían indefinidamente sus acciones armadas.

Aunque todavía la paz no puede cantar una victoria final, el pueblo colombiano es optimista a pesar de la propaganda negativa de quienes consideran que el único camino es la continuación de la guerra interna hasta matar al último insurgente armado, y "el que nació terrorista morirá terrorista". Y no importa que el número de las desapariciones, secuestros, viudas y huérfanos aumente cada vez más.

Felizmente, estas concepciones son ya cosas del pasado, aunque a veces algunos quisieran revivirlas (también aquí). Sin embargo, los tiempos pasan y todo cambia.

El presidente uruguayo José Mujica (ex guerrillero) termina su periodo con más de 80% de aprobación. O miren a Cuba, antes exportadora de guerrilleros, ahora se ha convertido en la capital de la paz.