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Los análisis sobre la política a nivel subnacional han enfatizado en el nivel regional, pero poco se sabe sobre quiénes gobernarán las alcaldías provinciales. Comencemos por auscultar el perfil de los alcaldes de las capitales departamentales que acaban de asumir los cargos respectivos.

Se ha dicho hasta el cansancio que en el Perú no hay patrones de carrera política. Sin embargo, es posible forjar caminos propios. Los alcaldes provinciales de capitales departamentales tienen, en su gran mayoría, experiencia política y en gestión pública. Nueve han sido alcaldes provinciales con anterioridad (Zavaleta en Chachapoyas, Campos en Abancay, Zegarra en Arequipa, Sotomayor en el Callao, Ramos en Ica, Castañeda en Lima, Quispe en Moquegua, Grundel en San Martín y Torres en Tacna), cuatro dan el salto desde alcaldías distritales (Aedo en Huamanga, Solórzano en Huánuco, Callupe en Pasco y Flores en Puno) e inclusive algunos han sido congresistas (Chamorro en Huancayo, Cornejo en Chiclayo, Moscoso en Cusco, Ramos en Ica). Solo hay dos alcaldes debutantes en política electoral (Antonio Marino en Ucayali y Manuel de Lama en Tumbes), lo que contrasta con siete presidentes regionales novatos. Los restantes burgomaestres han postulado, al menos, a algún cargo de elección popular con anterioridad.

Los partidos nacionales son débiles también en la arena provincial (Alianza para el Progreso ganó en tres de las provincias reseñadas, Solidaridad Nacional en dos, Fuerza Popular en una). Por eso es que, pese a la experiencia y profesionalización de estos políticos, no hay rendición de cuentas. Es notable cómo en medio de la inestabilidad se han forjado carreras políticas; es lamentable cómo ningún partido lo ha capitalizado a su favor.