"Pedro Castillo insiste en sus discursos en gobernar el país como si todos fuéramos ronderos, campesinos, o maestros, dada su experiencia personal". (Foto: Presidencia)
"Pedro Castillo insiste en sus discursos en gobernar el país como si todos fuéramos ronderos, campesinos, o maestros, dada su experiencia personal". (Foto: Presidencia)

El presidente persiste en mirar la realidad nacional que le ha tocado gobernar a través de su egocentrismo, tal como lo hemos podido apreciar en su discurso político de estos cinco meses y en su más reciente declamación en plaza de este 29 de diciembre.

El escritor David Foster Wallace señalaba en un discurso que dio en una graduación en la universidad de Kenyon para hacer reflexionar sobre lo que él llamaba una configuración natural de ser egocéntricos por defecto: “Todo lo que conforma mi experiencia inmediata apoya mi creencia profunda en el hecho de que yo soy el centro absoluto del universo, la persona más real, nítida e importante que existe”.

Es cierto, frente a las de otros, nuestras vivencias son lo más nítido que tenemos cada uno. Cuando vemos, interpretamos y tomamos decisiones, lo hacemos desde el lente de nuestro yo y sobre la base de que somos lo más importante. Pero es cierto también que convivimos en sociedad con otros que también ven sus vidas como el centro, y aprendemos que buscamos coexistir pacíficamente millones de personas con visiones muy diversas sobre cómo vivir nuestras vidas en las que somos lo más importante.

Sin embargo, insiste en sus discursos en gobernar el país como si todos fuéramos ronderos, campesinos, o maestros, dada su experiencia personal. Repite de forma agotadora que hay que sacarse los zapatos y caminar con él o vivir cómo él ha vivido. Un ego abrumador. Ser rondero, campesino o maestro es digno como cualquier otro quehacer, pero tampoco está bien atribuirles una superioridad moral sobre los demás modos de vivir y laborar en el Perú.

El problema está en que en el fondo desprecia otros modos de ser, de trabajar o de pensar. Está atrapado en su egocentrismo y cree que su modo de vida anterior es superior al de los demás peruanos. No cae en la cuenta de que fue elegido para gobernar para todos los peruanos y que somos muy diversos, y que el país se construye con una lista bien larga de ocupaciones.

Tengamos presente que los gobernantes autoritarios se conducen con altas dosis de egocentrismo, y rechazan una sociedad plural y diversa. Ese discurso del presidente no puede ser bueno, por lo que van mis deseos para que los esfuerzos por la libertad se multipliquen en 2022 para que puedan contrarrestar esa mezcla de populismo, autoritarismo y egocentrismo que se augura en el gobierno de Pedro Castillo.