"Mientras no se aborde los problemas estructurales del país (...) estamos condenados a que germinen grupos violentistas de extrema izquierda y también de extrema derecha, como hoy vemos que se manifiestan". (Foto GEC Archivo Histórico)
"Mientras no se aborde los problemas estructurales del país (...) estamos condenados a que germinen grupos violentistas de extrema izquierda y también de extrema derecha, como hoy vemos que se manifiestan". (Foto GEC Archivo Histórico)

Esta semana nuestra sociedad ha tenido que cuestionarse nuevamente sobre los rescoldos de una historia de dolor y muerte, por la insania terrorista de Sendero Luminoso, liderados por el genocida , que acaba de fallecer y con su muerte ha generado un revuelo, no solo por el destino del cadáver del genocida, sino por las deudas pendientes que aún tenemos como sociedad.

Porque, así como no estuvimos preparados para saber qué hacer con el cadáver de Guzmán, así fueron esos años ochentas y noventas, donde como Estado y sociedad no supimos responder a la espiral de violencia que se desencadenó, teniendo como principales víctimas a las comunidades campesinas más humildes del país, que se desangraban con los crímenes más abominables que cometieron las huestes terroristas, que al final arrastró –en la represión– a algunos malos militares, cometiendo también crímenes indescriptibles.

Por eso, es importante generar conciencia social, en la sociedad y en las nuevas generaciones para que conozcan la historia, sin tapujos, ni maniqueísmo y menos aprovechamiento político, como se ha visto en estos años, usando el miedo del terrorismo para el rédito político.

Todos los peruanos tienen derecho a saber que, así como hubo Lucanamarca, Saccsamarca, Soras, Tarata y sobre todo pueblos andinos diezmados por Sendero Luminoso, lamentablemente hubo también Accomarca, Cabitos, Cayara, Putis, como casos de terrorismo de Estado.

Mientras no se aborde los problemas estructurales del país, como la exclusión social, desigualdad, discriminación y sobre todo la pobreza extrema –multidimensional, no solo monetaria–, estamos condenados a que germinen grupos violentistas de extrema izquierda y también de extrema derecha, como hoy vemos que se manifiestan. Recuerden cómo empezó Sendero en Ayacucho y Andahuaylas, con agresiones injustificables como las que recibió esta semana el exfiscal Avelino Guillén o la agresión violenta a palos contra Richard Muro por un grupo de energúmenos en plaza San Martín.

Reconciliación nacional es la gran tarea pendiente que nos ha delegado la Comisión de la Verdad y significa generar memoria colectiva, educar a las nuevas generaciones, luchar contra la pobreza y sobre todo buscar justicia para las víctimas. Así tal vez podremos entender que todos somos parte de una nación y tenemos que aprender a respetarnos y tolerarnos para vivir en paz.