(Foto: Presidencia del Perú)
(Foto: Presidencia del Perú)

Esta semana, entre gallos y medianoche, Perú Libre anunció abiertamente que no dará el “voto de confianza” al nuevo gabinete Vásquez. Lo sorprendente de este despropósito es que se da en el primer trimestre de gestión del lápiz, desacreditando al propio gobierno y evidenciando la lucha interna por el poder, teniendo a Vladimir Cerrón de intrépido protagonista, y dispuesto a todo.

Lo que estamos viendo es una jugada riesgosa y atrevida de Cerrón para imponer su posición en las decisiones de gobierno, pero que le puede costar caro. Como en el drama de la serie popular de Netflix, un desesperado Gi-hun apuesta todo para ganar dinero fácil en una enigmática partida sin medir consecuencias por las situaciones de horror que atravesará durante el juego.

El símil es interesante porque se ve a Cerrón y sus huestes de PL desesperados y desbocados, exponiendo ambiciones e intenciones mezquinas. Creen que, descalificando a sus socios políticos ocasionales de la segunda vuelta, lograrán arrinconar al gobierno para que los tomen en cuenta. Están equivocados, estas acciones pueden decantar en una ruptura formal del presidente con el lápiz.

Al final, Castillo se siente más cómodo con su entorno familiar en el poder y los sindicalistas de la Fenatep, gremio magisterial que constituyó y ahora pretende posicionarlo y legitimarlo en desmedro del tradicional Sutep de Patria Roja. Todo por tener el control de la Derrama Magisterial, por intereses crematísticos, postergando la oportunidad para una verdadera reforma educativa. Como se pudo evidenciar en la remoción del ministro Cadillo, por cierto, maltratado, sin importarles su trayectoria y aportes educativos.

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El comunicado partidario del lápiz abre un flanco innecesario en un débil gobierno y muestra que son capaces de aliarse con los golpistas que están en el Congreso, en la extrema derecha, corroborando que tienen más afinidades que diferencias. Esta situación es muy peligrosa para la democracia y la estabilidad política. No les importa la pandemia, la crisis económica y menos les va a importar el país.

Es momento que el presidente Castillo afirme su posición y fortalezca su gobierno. Debería retirar de una vez al ministro Barranzuela. Además, si no pudo hacer antes el deslinde de Cerrón, ahora que aproveche la situación y que encamine su gobierno sobre la base del sentido común y la responsabilidad que tiene con el país, que está por encima de los intereses del partido político y los delirios de poder de Cerrón y compañía.

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