“Hay quienes asumen que el equilibrio que ahora tenemos es demasiado precario y que, más temprano que tarde, uno sacará al otro”.  (Foto: Congreso)
“Hay quienes asumen que el equilibrio que ahora tenemos es demasiado precario y que, más temprano que tarde, uno sacará al otro”. (Foto: Congreso)

Tal como estaba previsto, se marcha la misión de la OEA con un informe sesgado, sin mencionar las denuncias de corrupción y recomendando a las partes “dialogar”. Si bien ese es el resultado que se esperaba, la pregunta sigue allí: ¿qué es lo que necesita el país? Y para la mayoría de los peruanos la respuesta es clara: se necesita un nuevo gobierno.

Y la cosa se puso interesante. Después de algunos amagues del Congreso, fue el Ejecutivo el que dio el primer golpe contundente: decidir unilateralmente que se podía hacer cuestión de confianza por la derogatoria de una ley y, al mejor estilo vizcarrino, determinar la denegación fáctica, de manera ilegal e inconstitucional. Pero allí les dio su susto y sacudió a quienes pensaban que, mientras no se diera la vacancia presidencial, sus curules (e ingresos) estaban protegidas. No habían considerado la opción de ser ellos los disueltos y por el mismo presidente al cual se preocupaban tanto de cuidar, por conveniencia propia. Claro.

Hay quienes asumen que el equilibrio que ahora tenemos es demasiado precario y que, más temprano que tarde, uno sacará al otro. La ciudadanía tiene mucho de qué preocuparse si el escenario, hasta hace poco más probable, de que el presidente fuera el vacado termina cambiando y es él quien queda en el cargo, sin un contrapeso que servía de poco, pero al menos sí para evitar la convocatoria para un cambio de constitución a la imagen y semejanza de Pedro Castillo, digitado por Cerrón y sus amigos.

Otro escenario posible es la vacancia de Castillo y su reemplazo por Dina Boluarte, a quien ya vimos despotricando contra la inversión minera y cuyas ideas tampoco son como para inspirar confianza a la inversión privada que el Perú necesita. Ni siquiera sabemos de quiénes se rodearía, así que, fuera de que se le ven clarísimas las ganas de que le pongan la banda, no hay mucho más que deje ver. Creo que ese escenario sería uno de lento deterioro, tal vez con menores escándalos con el Poder Judicial… Si acaso.

El tercer escenario es que, por alguna causal que bien puede aparecer, Dina no asuma la presidencia y sea el presidente del Congreso quien lo haga. Este deberá llamar a elecciones, pero la Constitución no especifica si son elecciones generales o solo presidenciales. Para dar el empujón que necesitan los congresistas, tendría que asegurárseles que serán solo presidenciales, pero los precedentes no los ayudan. ¿Y la ‘calle’ aceptaría que se quedaran? Hasta el momento, ninguna marcha ha mostrado el poder de persuasión como para obligar a un cambio, lo cual hace que uno se pregunte dónde están ahora quiénes realmente estuvieron detrás de las tan efectivas marchas contra el presidente Merino.

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