“Las calificadoras de riesgo nos están bajando la nota. La razón no es tanto económica como política; y se llama incertidumbre”.

FACHADA DE PALACIO DE GOBIERNO. 


FOTOS: JESUS SAUCEDO / GEC
“Las calificadoras de riesgo nos están bajando la nota. La razón no es tanto económica como política; y se llama incertidumbre”. FACHADA DE PALACIO DE GOBIERNO. FOTOS: JESUS SAUCEDO / GEC

Antes de que los cumpleaños infantiles tuvieran toboganes gigantes, máquinas de burbujas y grandes coreografías, lo más que teníamos eran payasos poco graciosos y magos cuyos trucos nos empeñábamos en descifrar. Pero, en general, se esperaba que jugásemos solos. Entre los juegos, casi obligados, estaban el de la gallinita ciega, ponerle la cola al burro y romper la piñata.

Curiosamente, en los tres juegos, uno de los niños (protagonista por turnos) iba a ciegas, con los ojos vendados: correteaba detrás de otros niños, sin saber a quién iba a alcanzar; el mazo con el que debía dar a la piñata podía irse contra cualquiera de los niños de alrededor, ávidos del botín de dulces que caería; o, después de las vueltas que se le daba para desorientarlo, podía clavar la cola, ya no al burro, sino a cualquiera de los asistentes.

Eran juegos con riesgo, sí, pero controlado. Y la ceguera e incertidumbre eran temporales; terminaban pronto y con algún premio.

Estos juegos de niñez no son “aptos para mayores” y menos si se practican desde el Gobierno. Los ojos (y oídos) deben estar siempre atentos a lo que pasa alrededor y adelantarse a las consecuencias.

Aunque nuestros fundamentos macroeconómicos siguen firmes, las calificadoras de riesgo nos están bajando la nota. La razón no es tanto económica como política; y se llama incertidumbre. En el tiempo que lleva el Sr. Castillo en el gobierno, no ha sido capaz de decir qué medidas concretas tomará para desarrollar El Plan de Infraestructura Productiva, o el de Competitividad, documentos hechos por el propio Estado para que sirvan de guía para invertir allí donde se necesita, para que el país crezca.

En el Perú solo es obligatoria la mascarilla. No se permiten vendas que puedan excusar la falta de acción. Al contrario, hay muchos elementos que permiten ver mejor. Si no se usan, el Bicentenario se queda sin Happy Birthday.


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