“Queda claro que 200 años no han sido suficientes para consolidar una nación y que, casi seguramente, 205 tampoco lo serán”. FOTOS: JESUS SAUCEDO / GEC
“Queda claro que 200 años no han sido suficientes para consolidar una nación y que, casi seguramente, 205 tampoco lo serán”. FOTOS: JESUS SAUCEDO / GEC

Ante la cantidad de gente que, seguros de un escenario con modelo venezolano, comienza ya a hacer planes para migrar, alguien dijo: “Sí, yo también pensaría en irme, pero por la cantidad de estupideces que me mandan mis amigos por WhatsApp”.

Una de las más recientes advierte sobre el retiro de avisos de alquiler de las ventanas de las propiedades, recomendando su retiro porque los ronderos están haciendo un inventario de las mismas para su pronta invasión. Acompañan la advertencia con el video de un pobre hombre con sombrero de paja, que casualmente pasaba por allí.

Esto podría quedar simplemente como anecdótico si no fuera porque existen razones reales del temor para una parte importante de la población: ganar una elección repitiendo frases hechas en discursos de plaza no es lo mismo que gobernar bien un país que 200 años después de su independencia no ha sido capaz de consolidar sus instituciones; ni siquiera las más básicas, como la libertad y la democracia.

Con corto tiempo, se está dando el difícil proceso de transferencia y, a decir de los participantes, la ejecución del mismo no genera tranquilidad. Tampoco lo hacen los nombres que, como jugando a las adivinanzas, se van soltando para ocupar los más importantes cargos de gobierno, ni las declaraciones que los acompañan.

En las redes sociales, las noticias falsas solo son superadas por los comentarios llenos de odio que se cruzan entre quienes piensan de manera distinta. Queda claro que 200 años no han sido suficientes para consolidar una nación y que, casi seguramente, 205 tampoco lo serán.