Pasa la primavera

“No tenemos la menor idea de hacia dónde vamos y peor aún: tampoco tenemos una idea clara de en dónde estamos. El Perú necesita con urgencia replantear el ‘pacto social’”.

Vista panorámica del centro financiero de Lima, en San Isidro. (USI)
Mijael Garrido Lecca
Mijael Garrido Lecca

El Perú inició este siglo en medio de turbulencia y cambio; sin embargo, una vez que hubo terminado el gobierno de transición de Valentín Paniagua, las cosas fueron, siempre, mejorando. No niego naturalmente la corrupción y la infinidad de asuntos que quedaron y quedan pendientes por resolver. Pero es mezquino decir que no han sido casi 20 años de crecimiento y desarrollo. La pobreza se ha reducido, el Perú es una plaza más competitiva y nuestra república ha consolidado, bien que mal, algún espinazo institucional: es la primera vez en 200 años que un vicepresidente asume sin tanques en la calle. Íbamos bien.

Escribo en tiempo pasado porque en las últimas semanas se ha empezado a notar que esta idea peregrina que algunos soltaban con tanta calma de que la política y la economía iban, en el Perú, por cuerdas separadas no era más que una falacia absurda disfrazada por la inercia del crecimiento se los años anteriores. Hoy el Perú es más pobre, menos competitivo, menos solvente y menos libre económicamente que hace unos años. Y esa primavera que hizo florecer al país a inicios de siglo va a ser otro capítulo como el salitre, el caucho o el guano si es que el Estado no toma acciones inmediatas. Para ayer.

Cuando hablo del Estado no me refiero, ojo, al Poder Ejecutivo: me refiero a los tres poderes constituidos y a la ciudadanía también. No tenemos la menor idea de hacia dónde vamos y peor aún: tampoco tenemos una idea clara de en dónde estamos. El Perú necesita con urgencia replantear el “pacto social” que vincula a los peruanos con el país: ¿qué esperamos del Estado? Bien. ¿Qué vamos a dar a cambio para recibir lo que esperamos? Una vez que esas dos preguntas queden resueltas, será más sencillo mirar hacia delante sin la necesidad de dar cada cierto tiempo un paso para atrás. Y esto se puede lograr en dos años.

El presidente Vizcarra ha logrado un nuevo balance de fuerzas con el Legislativo. Fuerza Popular ha dicho que se abre a una nueva etapa de diálogo y que trabajará en conjunto con el resto de fuerzas políticas. Muy bien entonces: mientras más grande es un Estado, más difícil es que pueda atender las necesidades de la ciudadanía: es un problema de información. Pero hay denominadores comunes: queremos la mejor educación, la mejor salud, la mejor justicia y queremos sentirnos seguros. Queremos una economía manejada con prudencia y un mercado en el que se fomente la generación de riqueza.

El Perú no necesita un Estado que nos saque adelante. El Perú necesita un Estado que se quite del camino y nos deje avanzar. Que podemos.

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