(Foto: GEC)
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“Cuando una colectividad se congrega para rendir homenaje a una figura es porque le reconoce relieve; es porque le reconoce que, en sus palabras, en sus actos, en su conducta, hay cosas dignas de ser exaltadas, dignas de servir como ejemplo de imitarse, de vivirse, de perennizarse”. Con esas palabras empezaba Luis Bedoya Reyes su discurso, al inaugurar el monumento a Ramón Castilla en 1969. Ese es el sentido del justo homenaje al ex Alcalde de Lima, ex constituyente y fundador del Partido Popular Cristiano, pero sobre todo a uno de los grandes políticos demócratas de la historia republicana.

A pesar de sus 102 años, pensamos que el día de su partida no llegaría. Pensamos que cualquier día nos sorprendería con algún lúcido y agudo comentario sobre la realidad nacional. Recuerdo la expresión sobre el contexto actual como aquel en el que no se conoce el pensamiento político, porque “todo es incidental, opinión al paso”. Sobre la importancia de la renovación de liderazgos políticos, que están a una letra de diferencia, la “L”: los viejos deben saber legar y los jóvenes, llegar.

He leído muchas expresiones refiriéndose a él como el presidente que el Perú se perdió. No fue presidente, pero muchas de las ideas que defendió están entre nosotros y son parte de nuestra historia. Así por ejemplo, la economía social de mercado que se incorporó en la Constitución de 1979 “a insistencia del PPC” y muchos de los valores del pensamiento social cristiano que se desarrollan en las encíclicas papales. Pensó en la modernidad para el Perú y en el transporte como uno de los ejes democratizadores; además de la construcción de la Vía Expresa del Paseo de la República (que ojalá pronto lleve su nombre), acordó en su Concejo, en 1969, convocar a licitación para la construcción del tren subterráneo.

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Cito sus palabras en uno de los homenajes recibidos en el Congreso: “Debemos ser más profesionales en la política…así nos vamos reconociendo como divergentes, como competitivos, pero no como enemigos…En la política es donde más tiene que jugarse la costumbre del entendimiento… de la posibilidad de combinarse fórmulas distintas en una solución que en algo contenga todo lo que se quiere…pero todavía nos falta ese aprendizaje”.

Bedoya es el político por vocación al que refería Weber, vivir para la política y combinar la ética de la convicción y de la responsabilidad. Mis condolencias a sus hijos, nietos y a quienes se consideran seguidores de ese legado. Bedoya no se ha ido, sus ideas están vigentes en un Perú que requiere de diálogo y modernidad. Vamos con Bedoya a cambiar el Perú.

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