Tras el frenazo del Covid, los países de la región están moviendo cielo y tierra para atraer turistas. ¿Y nosotros qué hacemos? Mostrarnos como un destino donde impera la ley de la selva, señala el columnista. (Foto: GEC)
Tras el frenazo del Covid, los países de la región están moviendo cielo y tierra para atraer turistas. ¿Y nosotros qué hacemos? Mostrarnos como un destino donde impera la ley de la selva, señala el columnista. (Foto: GEC)

No hay otra forma de describir lo que viene sucediendo. Cuando al fin dejamos atrás la pandemia, que fue un cataclismo para el sector, ¿con qué nos encontramos? Con otra epidemia, pero esta vez de caos, inoperancia y desgobierno. Tendríamos que estar en plena reactivación, 100% enfocados en promocionar nuestros atractivos, captar viajeros y recuperar empleos.

Sin embargo, solo en la última semana tuvimos paro y bloqueo de pistas en Cusco, los turistas literalmente atrapados en sus hoteles por 48 horas, obligados a movilizarse en buses de la Policía para poder salir. Extranjeros que, en lugar de hospitalidad, recibieron insultos de manifestantes que más parecen barras bravas.

Controladores aéreos en huelga, cercenando el derecho al libre tránsito de miles de pasajeros, con la complicidad de Corpac y el Ministerio de Trabajo, que dejaron que se cometa un delito en sus narices. La fortaleza de Kuélap, el Machu Picchu del oriente, derrumbándose a vista y paciencia de las autoridades. Y, en medio de todo este desmadre, un gobierno que no se sabe si le está echando agua o kerosene al incendio.

Tras el frenazo del Covid, los países de la región están moviendo cielo y tierra para atraer turistas. ¿Y nosotros qué hacemos? Mostrarnos como un destino donde impera la ley de la selva. Donde el turista se arriesga a quedarse varado o ser agredido. Donde los vuelos domésticos pueden cancelarse de un plumazo. Donde los atractivos se derrumban frente al visitante. No podemos seguir así. Urge un cambio de rumbo, empezando por relevos en el MTC, Corpac, Mintra, Mincul, principales responsables de esta debacle.

Seamos claros, el mayor problema es la gestión, no la Constitución. Ofrecer Asamblea Constituyente o repartir bonos es populismo puro. Necesitamos que el Ejecutivo deje de boicotear y se ponga a gobernar.