(Jorge Cerdan/@photo.gec)
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Luego de una larga espera, las elecciones presidenciales terminaron con la proclamación de Pedro Castillo como ganador de la contienda electoral tras un manto de dudas y por encima de reclamos y protestas hechas por juristas, políticos e intelectuales que denunciaron (en el país y el extranjero) un fraude electoral. El sistema electoral no se inmutó y contó con el flagrante silencio y negación de algunos medios de comunicación (y organismos internacionales) afines a la izquierda. Los promotores de las “pelotudeces democráticas” hoy se frotan las manos para atornillarse en el poder “para siempre”; sueñan.

Un hecho que podría calificarse como una dictadura en marcha, es la denuncia contra los periodistas Beto Ortiz, Milagros Leyva y Phillips Butters de Willax TV. Abogados de Perú Libre los acusan de sedición por atreverse a informar, desde su particular punto de vista, sobre los urticantes resultados de sus investigaciones periodísticas. La otra historia indignante es la querella de Guillermo Bermejo contra Fernando Rospigliosi, el agudo y tenaz político que ha sido su “piedra en el zapato”, hecho que ha contado con la complicidad y la extraña celeridad de la Fiscalía. Mi solidaridad con los periodistas agraviados.

Por eso, mi posición es clara, contundente y sin medias tintas con el gesto político de no aceptar ni saludar la proclamación de Pedro Castillo como presidente electo del Perú. Las denuncias de fraude, su relación con personajes vinculados al terrorismo y las sospechas de complicidad con los ‘Dinámicos del Centro’ que habrían financiado su campaña, sostienen mi legítima postura.

Sin embargo, guardando la esperanza que Pedro Castillo reflexione y lleve al país por el rumbo correcto de la historia, esperamos que convoque a buenos profesionales para equilibrar los ímpetus de la izquierda radical, rabiosa, vengativa y desmedida que lo sostiene. A los convocados les deseo éxitos y les envío fuerzas y buenas vibras para asumir el desafío. A los “autoconvocados”, arribistas y oportunistas que medran por los pasillos de Perú libre en búsqueda de mendrugos de poder, a ellos nuestro desprecio absoluto por su falta de dignidad y de decencia.

Si Pedro Castillo quisiera tener legitimidad en sus primeros 100 días, tendrá que dar muestras contundentes, definitivas e indiscutibles de deslinde y separación con los actores perniciosos que lo rodean. Asimismo, abandonar con firmeza los planes oscuros para conmover y destruir la democracia. Para salir de la crisis económica, sanitaria y de seguridad, deberá de dictar las medidas necesarias y principalmente preservar la lucha contra el terrorismo de la Dircote y las FF.AA., la lucha contra las drogas (sin prescindir de la DEA) y potenciar el sistema de inteligencia nacional para enfrentar las 10 amenazas que afectan la seguridad interna del país. ¡Palabra de GEIN!

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