La “estrategia” de los terroristas Abimael Guzmán y Víctor Polay de usar la guerra de guerrillas y “del campo a la ciudad” para tomar el poder solo ha cambiado en el uso del voto por el fusil, señala el columnista. (Foto: AP)
La “estrategia” de los terroristas Abimael Guzmán y Víctor Polay de usar la guerra de guerrillas y “del campo a la ciudad” para tomar el poder solo ha cambiado en el uso del voto por el fusil, señala el columnista. (Foto: AP)

La historia de la humanidad, vinculada generalmente a guerras y conflictos, tuvo como característica principal el uso de estrategias que pasaron de generación en generación hasta nuestros tiempos. La interpretación o aplicación equivocada de las estrategias puede producir degradación o hasta la destrucción de un ejército, una institución, una sociedad o un país.

La milenaria cultura oriental, su historia y experiencia en guerras, permitió registrar 36 estrategias, de las cuales hoy tomaremos dos de ellas para intentar explicar la situación política en el país.

Primero, nos referimos a la estrategia “matar con cuchillo prestado”, que es el uso de los recursos del adversario en provecho propio. Por ejemplo, la dilapidación del dinero en gobiernos regionales y municipalidades, usar las imperfecciones y vacíos del sistema electoral, el entrenamiento, desplazamiento y emplazamiento de personeros para utilizar el procedimiento legal de impugnar actas, demuestran la eficiencia de la estrategia aplicada tanto en el Perú como en otros países (¿Venezuela?).

Segundo, la estrategia de “crear algo a partir de nada; la mentira repetida mil veces puede llegar a aceptarse como verdad, convertir algo pequeño en enorme, aumentar los prejuicios y desviar la percepción de los hechos”, nos ayuda a comprender el porqué en los últimos 30 años, luego de la derrota de SL y el MRTA, así como la caída del comunismo en el mundo, se instauró sistemáticamente una nueva narrativa contra la derecha nacional (e internacional), enfocada en desacreditarla masivamente para normalizar el odio generalizado, volviendo a los vencedores (el Estado y los ciudadanos) en vencidos y aprovechar coyunturas como la presente para hacerse del poder. Más eficiente que eso no hay.

La “estrategia” de los terroristas Abimael Guzmán y Víctor Polay de usar la guerra de guerrillas y “del campo a la ciudad” para tomar el poder solo ha cambiado en el uso del voto por el fusil. La ilusión de la dictadura del proletariado sigue intacta, y el proceso de su aplicación en el Perú solo nos traería miseria, corrupción y sufrimiento a los peruanos; no me cabe ninguna duda.

Todo indica que la guerra de estrategias por capturar el poder del Estado (y del pueblo) por medio del engaño y la manipulación goza de buena salud. La imposición de un candidato con liderazgo postizo que sirve como mascarón de proa del social-comunismo, siembra incertidumbre en una sociedad agotada, empobrecida y moralmente destrozada por la pandemia, que sucumbe con legítima facilidad frente al discurso populista.

Es hora de defender con la vida los votos y el sistema democrático, es momento de exigirles a las autoridades más compromiso para garantizar la gobernabilidad y el verdadero desarrollo del país. ¡Viva el Perú!