(Foto: PCM)
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Guido Bellido nunca debió ser premier. Su improvisación, ineptitud y constante proclividad a la confrontación han tenido en vilo al país durante más de dos meses. Aunque tomó más de la cuenta, su relevo por Mirtha Vásquez ha sido una buena noticia para el país.

Aun cuando discrepo de su visión en materia económica y la oposición militante a las industrias extractivas que ha manifestado en el pasado, creo que Vásquez ha demostrado su sensatez, vocación de consenso y respeto por los valores democráticos fundamentales. Así lo hizo durante el difícil periodo en que le tocó presidir el Congreso de la República. Esto es sumamente valioso en tiempos en que ciertos principios básicos del sistema democrático parecen estar bajo amenaza. Además, saludo que la flamante premier sea una mujer cajamarquina. Esta es una señal valiosa en un país machista y centralista como el nuestro.

Aunque un sector de la oposición demandaba un perfil más alejado de la izquierda, debemos entender que, nos guste o no, la elección fue ganada por un proyecto político claramente de izquierda, por lo que sería iluso esperar que Castillo designe a un liberal de derecha o algo que se le parezca. Veo que así lo ha entendido la mayor parte de la oposición, que ha tenido la madurez de saludar la designación de Vásquez.

Lo que corresponde a Mirtha Vásquez es mostrar coherencia, y tomar distancia de los impulsos autoritarios que hasta ahora ha mostrado la administración de la que hoy es parte, como la recurrente hostilidad hacia la prensa y los ataques a la institucionalidad democrática. La premier también haría bien en dejar de lado el proyecto de nueva Constitución –que en el pasado abrazó– y entender que, como claramente muestran las encuestas, esta no es ni remotamente una prioridad para los ciudadanos. Más aún, sus consecuencias serían desastrosas sobre todo en materia económica.

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Donde la atención de la premier debiera centrarse es precisamente ahí donde hoy está la de los ciudadanos: la economía familiar. Si algo preocupa hoy, es la subida de productos básicos como el pollo, aceite y verduras, y la escalada sin precedentes en el tipo de cambio. Aunque existen factores exógenos al Perú que inciden sobre la inflación, lo cierto es que el incremento en el precio de la moneda extranjera –que a su vez incide en ciertos precios locales– es consecuencia directa de la incapacidad del gobierno para dar señales claras en materia económica.

Acciones tan simples como dar mínimas garantías sobre el respeto al marco jurídico tendrían un impacto notable sobre la inversión y el consumo privado, y por ende sobre el ingreso de las familias. Esto es lo opuesto a lo que venía consiguiendo el señor Bellido, con trasnochadas iniciativas de renegociación de contratos y amenazas expropiatorias. De no hacer un giro de timón, lo que conseguirá la administración de Castillo es lo exactamente opuesto a la promesa que lo llevó al poder, a saber, lograr una mejora en la calidad de vida de los menos favorecidos.

Nota aparte merece el nuevo ministro del Interior, Luis Barranzuela, hasta hace poco abogado de Vladimir Cerrón y de Perú Libre. Su presencia en el gabinete, y el acceso a la información que esta le permitirá, plantean un conflicto de intereses demasiado evidente. La oposición, la calle y la propia premier Vásquez deberían buscar su salida cuanto antes.

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