"Fundamentalmente, fue un mensaje desconectado del ánimo ciudadano, desconectado de la realidad política y económica del Perú". (Foto: Presidencia)
"Fundamentalmente, fue un mensaje desconectado del ánimo ciudadano, desconectado de la realidad política y económica del Perú". (Foto: Presidencia)

En líneas generales, es un mensaje que no hace nada para aliviar la situación de desconcierto y falta de claridad en la que vivimos los peruanos. Fue un mensaje que pareciera estar dirigido a un público totalmente distinto, a otro país. Pareciera que el ignorara que hay un altísimo descontento ciudadano con su gestión, que hay gravísimas acusaciones de corrupción y se limitó a dar cuenta de una serie de supuestos logros que, por cierto, son muy cuestionables, como si en Perú no pasara nada, como si hubiera una situación normal y la gente estuviera contenta con la situación política, económica, cuando la verdad es que la calle dice otra cosa.

Fundamentalmente, fue un mensaje desconectado del ánimo ciudadano, desconectado de la realidad política y económica del Perú que no brinda respuestas a interrogantes que los ciudadanos legítimamente tenemos y que prolonga esta crisis. No ha habido novedades. Por otro lado, tenemos un Congreso que no está cumpliendo cabalmente con el rol de ejercer un contrapeso y un balance al poder Ejecutivo, que debiera ser su encargo. Vemos cómo han tardado en interpelar y censurar a ministros harto cuestionables, cómo han sido perniciosos con políticas, sobre todo desde el punto de vista económico, y de la ‘fiscalización’ verbal al control político efectivo –usando los mecanismos que la Constitución prevé– hay un gran trecho. Lo que preocupa hoy es que, ante este Ejecutivo tan deficiente, tan precario, no tenemos a un Congreso que esté haciendo una fiscalización efectiva. El Congreso es el llamado a ejercer un control político y eso tiene que concretarse con votos en el Pleno, no solamente con expresiones airadas y calificativos contra el Gobierno, sino en efectivamente hacer ese control político. Pero lo que vemos es muchas veces lo contrario. Una complicidad –como el famoso caso de ‘Los Niños’ que van sumándose y cada vez son más–, y falta más liderazgo y tomar cartas en el asunto. Ese es el clamor ciudadano. Por eso no debe sorprender que el Legislativo tenga una desaprobación igual, mayor o cercana a la del Ejecutivo.