(Foto: Difusión)
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Normalmente en este espacio hablamos del “viaje interior”, del trabajo a nivel emocional y espiritual para sanar heridas, potenciar recursos y subir nuestra autoestima. Hablamos de terapia y del esfuerzo que uno tiene que hacer para reconciliar la historia personal.

Pero hoy quisiera hacer referencia a viajar en sentido literal. En estos días tuve la oportunidad de salir un tiempo de Lima y volví a quedar impresionado y diría hasta marcado por el bien que hace. Lima es una ciudad un poco depresiva. Estoy consciente de las múltiples bondades que nuestra capital ofrece. Soy agradecido por mi gente, sus mares, la comida, y otras cosas más, pero no nos engañemos: Lima también es “Lima, la horrible”, “Lima, la gris”, la ciudad construida sobre un desierto pero con 100% de humedad, donde todo se ensucia, todo se oxida.

Al salir unos días de la capital y viajar hacia el interior del país o al extranjero, uno siente una recarga, una relajación, incluso diría que algo sana. Lima está muy cargada. Hace tiempo que no salía por más de una semana de esta ciudad y mi sensación fue algo así como ponerle agua nueva a una piscina. Pero en el cuerpo. No es lo mismo recircular el agua que poner agua nueva. Te cambia el PH. Se curan males mentales y corporales.

En Lima se vive “recirculando el agua” lo mejor que uno puede. Pero igual se ensucia. Incluso cuando uno es afortunado y tiene familia, amigos, trabajo y se puede pegar dos duchas de agua caliente al día, igual te bajoneas de vez en cuando.

Ya sabemos cuál es el “cloro” contra la depresión: el deporte, el trabajo, los vínculos, la cultura, la naturaleza, el ayudar a otros, el arte.

Pero de vez en cuando el agua se tiene que cambiar por completo. Nunca dejen de viajar.

Comprar experiencias puede ser bastante más valioso que adquirir objetos, aunque aparentemente duren menos. Las experiencias se quedan adentro, te enriquecen, fortalecen tus relaciones, amplían tu mente y agrandan tu corazón. Así como hay que distanciarse un rato hasta de los seres queridos para extrañarlos, igual hay que tomar espacio de cuando en vez de Lima para recargar y para extrañarla.

Hoy tengo la certeza de que viajar no es solo placer y diversión, es una prescripción de salud mental.