“Es claro que este gabinete no inspira confianza; por lo tanto, no tendría sentido otorgarles facultades en este momento”.
FOTOS: JESUS SAUCEDO / GEC
“Es claro que este gabinete no inspira confianza; por lo tanto, no tendría sentido otorgarles facultades en este momento”. FOTOS: JESUS SAUCEDO / GEC

En el Perú ha sido una práctica muy común que un gobierno que inicia su mandato solicite facultades extraordinarias para legislar argumentando que existe una emergencia o necesidad imperiosa que lo amerita. Esta vez no ha sido diferente, ya que el presidente del Consejo de Ministros, Guido Bellido, adelantó que el Poder Ejecutivo solicitará al Congreso la delegación de facultades legislativas en torno a materia tributaria, salud y seguridad social, incluyendo la formación de una comisión con este último propósito sin participación de especialistas o del sector privado. En cuanto a salud, propone crear un sistema único, lo que es controversial ya que Essalud y el Minsa no tienen las mismas fuentes de fondeo. No especificó los cambios tributarios que introducirían.

Otorgar facultades extraordinarias siempre es riesgoso porque afecta el equilibrio de poderes. El Ejecutivo debe formalizar su pedido presentando un proyecto de ley donde explica las materias que desea legislar y los plazos requeridos. Una vez presentado el pedido de facultades, se discute el mismo en distintas comisiones para luego pasar al Pleno. Este pedido tiene que ser aprobado por la mayoría de congresistas presentes en el Pleno. Este proceso puede ser tedioso, más aún en las circunstancias actuales en la relación entre el Ejecutivo y el Congreso.

En los tres temas en mención (reforma de pensiones, salud y tributación) existe mucho recelo por las propuestas que podrían venir del Gobierno, no solo por parte del Congreso, sino de la población en general. Cuando se elaboran leyes a puerta cerrada por el Ejecutivo, no hay transparencia y ninguna manera de seguir los avances de las normas. Se tiene que pensar cuidadosamente la conveniencia de acceder a ese pedido si se llega a presentar.

Si el Congreso les da las facultades, no quiere decir que es un cheque en blanco, ya que este puede revisar y derogar las leyes aprobadas. Aun así, pienso que no se las deberían otorgar. Lo que podrían hacer los congresistas es solicitarle al Ejecutivo que envíe sus proyectos de ley para ser revisados por las comisiones respectivas del Congreso, los que podrían modificar y presentar al Pleno para su aprobación. Como decían nuestras abuelas, es evidente “que la novia no está para tafetanes”. Es claro que este gabinete no inspira confianza; por lo tanto, no tendría sentido otorgarles facultades en este momento.

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