“Ojalá el nuevo gobierno no subestime la importancia de la inversión privada para el crecimiento económico. El desarrollo requiere  ambos para generar empleo, reducir la pobreza y mejorar el bienestar social”.  (Foto: Andina)
“Ojalá el nuevo gobierno no subestime la importancia de la inversión privada para el crecimiento económico. El desarrollo requiere ambos para generar empleo, reducir la pobreza y mejorar el bienestar social”. (Foto: Andina)

Estamos a un mes de la segunda vuelta electoral y todavía no tenemos presidente proclamado. Asumiendo que se confirma el triunfo de Pedro Castillo, el panorama sigue siendo bastante incierto con respecto a sus políticas de gobierno y equipo ministerial. Por ello la fuerte caída en el mercado bursátil, la reducción de los depósitos en moneda nacional y la devaluación del sol en los últimos meses.

Estamos a menos de un mes de que se instale un nuevo gobierno que sería de izquierda. No conozco un país con políticas de izquierda que haya tenido éxito. Ojalá el nuevo gobierno no subestime la importancia de la inversión privada para el crecimiento económico. El desarrollo requiere ambos para generar empleo, reducir la pobreza y mejorar el bienestar social.

Hace unos días, el ministro Mendoza hizo una excelente presentación en el Foro organizado por el MEF que tuvo como panelistas a varios exministros de Economía. Explicó lo que hacen bien los 10 países más exitosos en el mundo. Esto incluye altos niveles de inversión privada, buenas políticas macroeconómicas para controlar la inflación y la deuda pública, promoción de las exportaciones a través de la integración con el mundo y el desarrollo del capital humano. Con excepción del último punto, es lo que venimos haciendo en los últimos treinta años y que explica que seamos uno de los países en la región con mayor crecimiento del PBI per cápita y reducción de la pobreza.

Debemos mantener las políticas que han funcionado y solo corregir lo que no anda bien. El énfasis debe estar en desarrollar nuestras capacidades humanas, mejorando la educación y la salud. El nuevo gobierno debe reconocer que existe un amplio consenso en torno al libre mercado y que hereda un Estado fallido. No tendrá ninguna luna de miel y con cualquier mal paso se enfrentará rápidamente a la oposición del Congreso, de la opinión pública y de la calle. Debe evitar modificar lo que funciona por terquedad ideológica.

Otros grandes retos serán reducir la pobreza y mejorar la calidad de los servicios públicos. Esto implica una reforma del Estado para que el gasto tenga mayor impacto, distinta a las que implementan gobiernos de izquierda, que lo hacen más grande, ineficiente y corrupto. Es claro que el próximo gobierno no tendrá legitimidad y, por lo tanto, debe intentar construir una coalición que apoye un conjunto sensato de reformas consensuadas, permitiendo la gobernabilidad del país. No tiremos al bebé con el agua sucia.

¿Nos sorprenderá?


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