“El Gobierno americano aún insiste en que EE.UU. no se encuentra en una recesión, resaltando que el mercado laboral todavía está fuerte con un bajo índice de desempleo”. (Photo by TIMOTHY A. CLARY / AFP)
“El Gobierno americano aún insiste en que EE.UU. no se encuentra en una recesión, resaltando que el mercado laboral todavía está fuerte con un bajo índice de desempleo”. (Photo by TIMOTHY A. CLARY / AFP)

En artículos anteriores me referí a los nubarrones que amenazaban a la economía mundial. Ya es evidente que se convirtieron en una tormenta. La narrativa empezó con la noción de que la inflación iba a ser transitoria, por lo que los principales bancos centrales del mundo demoraron en tomar medidas correctivas; luego concluyeron que no iba a ser así y a esto se le sumó la invasión rusa a Ucrania. Ante la evidencia de que no va a ser sencillo combatir la inflación, los banqueros centrales empezaron a aumentar las tasas más agresivamente, afectando el crecimiento económico y todavía con un impacto poco visible sobre la inflación en sus países.

En el caso de EE.UU., la Oficina de Asuntos Laborales informó la semana pasada que la economía retrocedió 0.1% en el segundo trimestre y cayó a un ritmo anual del 0.6%. Esto confirmaría una recesión técnica, ya que en el trimestre anterior la economía retrocedió 0.4%. Estas cifras se produjeron en un contexto de elevada inflación y de aumentos en las tasas de interés para intentar controlarla; y con otros desafíos como los problemas en la cadena de suministro. El Gobierno americano aún insiste en que EE.UU. no se encuentra en una recesión, resaltando que el mercado laboral todavía está fuerte con un bajo índice de desempleo. Esto le da mayor espacio a la FED para seguir aumentando las tasas.

La situación en Europa es más preocupante y una fuerte recesión es inminente en el Reino Unido y en la zona euro, que se verán afectados no solo por el aumento de las tasas de interés, sino por el aumento del gasto en combustibles en el invierno y el fortalecimiento del dólar que ya han llevado a las monedas europeas a valores no vistos en décadas. China también tendrá su más bajo crecimiento económico en cuatro décadas y una fuerte depreciación de su moneda.

Un dólar fuerte significa abaratar las importaciones en EE.UU., pero tendrá efectos muy nocivos en otros países, incluyendo los emergentes, porque la mayoría de los productos se cotizan en dólares, aumentando su costo. Igual ocurre con sus deudas públicas en dólares, que experimentarán un incremento en los pagos de intereses. La FED continuará aumentando las tasas y esto resultará en una recesión global en un contexto de sobreendeudamiento y fragilidad que convierte la situación en una crisis política, social y geopolítica. ¿Será posible llegar a acuerdos que mitiguen estos impactos en la Cumbre de los países G20 de noviembre en Indonesia? Poco probable. Este contexto nos afectará fuertemente en 2023, en el que solo creceremos cerca del 2% debido a políticas que desincentivan la inversión y el empleo, con las exportaciones como único motor de crecimiento.

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