“No es que Castillo sea un títere, pero su círculo íntimo no alcanza para gobernar. Juntos por el Perú y el Partido Morado propusieron alianzas, pero no lograron equilibrar confianzas. Castillo está cautivo, solo Cerrón parece poder suministrarle equipos de gobierno”. (Foto: GEC)
“No es que Castillo sea un títere, pero su círculo íntimo no alcanza para gobernar. Juntos por el Perú y el Partido Morado propusieron alianzas, pero no lograron equilibrar confianzas. Castillo está cautivo, solo Cerrón parece poder suministrarle equipos de gobierno”. (Foto: GEC)

A le gusta el poder, pero no lo disfruta a escondidas, prefiere presumir. Pasó con el almuerzo a Evo Morales en un restaurante de élite, viralizado en redes con su autorización. Pasó también cuando le vetan a Roger Nájar como primer ministro de Pedro Castillo por tener una historia personal contra las mujeres. En vez de asimilar el golpe y conciliar, impone a Guido Bellido, cuya historia es peor, porque agrega agresiones contra los homosexuales y un proceso por apología del terrorismo. Varias reflexiones. La primera es que los derechos civiles cuentan. La segunda es que Cerrón especula que los ministros presididos por Bellido no obtendrán la confianza del Congreso. Así, de entrada, tendría una de las dos negativas que requiere para disolver el Congreso. La propuesta de Bellido, entonces, no es un acto de gobierno, sino una provocación. Evidencia que a Cerrón le gusta la bronca, para ver qué pesca.

No es que Castillo sea un títere, pero su círculo íntimo, los llamados chotanos, no alcanzan para gobernar. Juntos por el Perú y el Partido Morado propusieron alianzas, pero no lograron equilibrar confianzas. Castillo está cautivo porque solo Cerrón parece poder suministrarle equipos de gobierno. Cerrón tampoco la tiene fácil. Siempre habrá uno más radical. Luego del juramento salieron las decepciones: hubiesen querido un sindicalista del Sutep como ministro de Educación, un sindicalista de Construcción Civil como ministro de Vivienda, un sindicalista de la CGTP como ministro de Trabajo y un rondero como ministro de Agricultura. La tercera reflexión es que a este juego de tronos poco les importa la salud de los peruanos y su recuperación económica.

Al cierre de esta columna, aún se lucha por la economía. Pedro Francke hubiese preferido no ser ministro de Economía bajo Bellido. Pero sigue como opción porque arriesgó su prestigio como garante de una moderación que, finalmente, le dio la victoria a Castillo. Está negociando si se confirma a Julio Velarde en el BCR y se le da la mayoría en el directorio; y quiénes van a los organismos reguladores de los mercados de capitales; de banca y seguros; de electricidad; de las concesiones mineras, de gas y de electricidad; de telecomunicaciones; de las pensiones de jubilación; del Banco de la Nación, Cofide, Petroperú y demás empresas públicas; de Indecopi; y a la Sunat. El riesgo no es por ideología marxista, sino más elemental: administrar bien los recursos que tenemos. La última batalla es por la responsabilidad de saber gobernar.