(Foto: Grupo El Comercio)
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Como vienen las cosas, para el futuro del país, lo más importante no será quién gane las elecciones. Me explicaré. La situación se parece a la de aquellas empresas en las que dos socios tienen 49.5% y cada quien anda tras ese 1% que falta para tomar el control de la compañía. Aunque uno lo consiga, llegar al 50.5% es una ilusión. Esa mitad más un poquito más da para designar a la mayoría del directorio, al gerente general y organizar las operaciones cotidianas de la empresa. Pero no da el poder para cambiar estatutos, modificar el giro ordinario del negocio, aumentar o reducir capital, construir alianzas empresariales, reestructurar la empresa para evitar la quiebra; en fin, no alcanza para tomar decisiones trascendentales. En esa situación, los dos socios siguen empatados. Aunque uno tenga 50.5% no ha ganado y aunque el otro tenga 49.5% no ha perdido. Se necesitan uno del otro.

Algunos abogados aconsejan al minoritario de 49.5% para que se convierta en un accionista hostil. Se arman líos por cualquier cosa para obstaculizar la gestión social, para cuestionar al gerente, para demandar a los directores por mala gestión. Lo que se quiere es forzar al mayoritario para que compre la parte del minoritario. El minoritario asume que la sociedad es inviable, quiere salirse y cree que obtendrá un mejor precio cuanto más aburra al mayoritario. Esta es otra ilusión, porque si se mira el contexto, la empresa habrá perdido valor frente a sus clientes y proveedores. Lo peor para el valor de una empresa es la bronca entre sus accionistas. Además, si del país se trata, viable o no, nadie se va. Todos quedamos dentro. Este es el punto en que otros abogados aconsejamos que lo mejor es un pacto de accionistas.

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Ese pacto tiene algunas reglas de oro. La primera es que se respeta a la mayoría el derecho y la responsabilidad de las actividades cotidianas. La segunda es que, aunque fuesen cotidianas, no pueden ser realizadas como quiera el mayoritario sino como se concilie con el minoritario. Para eso se conviene un plan de negocios que indique el rumbo por donde irá la empresa y un plan de inversiones que establezca el capital que cada parte se obliga a aportar y la parte de la deuda financiera que se podrá contratar. En consecuencia, o perdemos valor por bronca o agregamos valor poniéndonos de acuerdo. Pasa en las empresas, también pasa en los países. Entonces lo importante está por venir, será el ánimo que cada uno de nosotros deberá poner en el nuevo gobierno, en mayoría o en minoría, según fuese la foto final.

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