Foto: Presidencia de Perú
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Entre la derecha y la izquierda no está el centro, sino el desencuentro. No me refiero solo a los partidos políticos, sino a nosotros simples ciudadanos. Según Aristóteles, hay tres animales políticos: las abejas, las hormigas y los humanos. Nos clasifica así porque vivimos en sociedades que deben funcionar en orden. Solo que las abejas y las hormigas tienen fácil ese trabajo. En las colmenas y en las colonias, hay una hembra encargada solo ella de procrear la especie, eso las hace reinas. Pero el gobierno y lo que hay que hacer no se discute, lo dicta el instinto y se acabó.

A nosotros nos lo hicieron difícil. Tenemos libertad de elegir cómo gobernarnos. Así que cuando usted opina sobre cómo le gustaría que vayan las cosas, también está haciendo política. Sin embargo, cuando los actores oficiales fracasan, como ahora, los demás debemos entrar en escena. Somos los “poderes fácticos”, capaces de influir desde los hechos, como los gremios empresariales, los sindicatos, los medios de comunicación, las universidades, los colegios profesionales, las asociaciones en general y la calle misma. Sin embargo, tampoco lo estamos haciendo mejor.

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La renuncia del canciller Héctor Béjar, por ejemplo, fue promovida desde la derecha por su pasado guerrillero y defendida desde la izquierda por el contexto de las guerrillas en favor de campesinos antes de la reforma agraria. Fue un debate sobre la guerrilla, tu opinión contra la mía, sin acuerdo previsible. En verdad, debimos haber debatido por qué la Cancillería no estaba logrando traer más vacunas. La tercera ola nos va a alcanzar sin estar vacunados todos. Si el debate hubiese sido ese, todos deberíamos habernos puesto de acuerdo en sustituir al canciller.

Lo mismo pasa con gran parte de los demás ministros. La derecha ataca y la izquierda defiende, cada quien en un extremo. Deberíamos encontrarnos en el centro para exigir un plan de emergencia: cómo seguir con la vacunación, abrir los colegios, prestar servicios públicos de calidad, generar empleo permanente y reactivar la economía. Exigir, sobre todo, eficiencia en la gestión pública. El pasado y el pensamiento de los ministros es importante y en algunos casos los descalifica. Pero durante las emergencias los resultados son lo primero. Si los ministros no los consiguen, deben renunciar o deben ser censurados. Y todos deberíamos estar de acuerdo en eso. Entonces, de momento, no importa el color del gato, sino que cace ratones. Lo dijo Deng Xiaoping, en tiempos de Mao. Fueron prácticos, hoy dominan el mundo.

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