Primera lección por aprender: somos incapaces de entender todo el problema, destacamos lo malo que perjudica a la otra parte, pero ignoramos lo malo que nos favorece. Para la derecha, Maduro es un dictador, pero no para la izquierda. Para la izquierda, Bukele es un dictador, pero no para la derecha. Esta esquizofrenia política, esto de tener una personalidad para lo que me favorece y otra para lo que me perjudica, es síntoma de algo más profundo. Nuestras élites, de uno y otro lado, no han evolucionado al nivel de tener intereses políticos de largo plazo, como la democracia. Las élites la reivindican para defenderse cuando están en minoría, pero, cuando llegan al poder, pueden dejarla de lado para realizar sus intereses (Eduardo Dargent, “Demócratas precarios”). Por ejemplo, a la derecha le pareció bien el golpe de Estado de Fujimori en 1993, pero, para la izquierda, allí nació la dictadura; a la izquierda le pareció bien el golpe de Estado de Velasco en 1968, pero, para la derecha, allí nació la dictadura. Peter Smith ubicó 176 procesos políticos durante el siglo XX en América Latina, apenas el 21.5% fue en democracia y duraron 13 años en promedio. Segunda lección por aprender: saber vivir en democracia. Es que la democracia cuesta: no solo recaudar tributos para prestar servicios públicos de calidad y reducir desigualdades, sino, sobre todo, respetar las reglas democráticas aun cuando se posterguen nuestros intereses. En la Alianza del Pacífico tuvimos un ejemplo. Controlada por gobiernos de izquierda, México y Colombia no querían reconocer a Boluarte como sucesora constitucional de Castillo y se negaban a entregar al Perú el turno para presidir la alianza. Fue el presidente Boric de Chile el que impuso la regla democrática más allá de sus intereses, porque también es de izquierda. Tampoco hay que confundir a la democracia con la simpatía que puedan tener los políticos, porque esa simpatía se puede obtener perversamente con clientelaje, con populismos y hasta con dictadura. Las próximas elecciones serán en 2026, apenas dos años para corregir este desmadre de política y para aprender a vivir en democracia. Si no aprendemos las lecciones, el castigo será la dictadura. La gran tarea pendiente de la democracia es una tarea de todos, pero la responsabilidad es de las élites. Usted, solo por el interés en estar informado, es parte de una de ellas. Pongámonos a trabajar.