(Presidencia)
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Los dolores del cuerpo se alivian con analgésicos. Los del alma, pensando que no existen. De hecho, la primera fase del duelo es la negación. Hay veces en que el engaño es a propósito, para ganar tiempo y encontrar algo que supere el dolor. Fue el caso de Guido Orefice, que disfrazó la realidad para hacer creer a su hijo Giosué que la prisión nazi, en la que andaban metidos, era un juego infantil. Lloramos la ficción con La vida es bella, Oscar en 1999. La historia real fue la de Romeo Salmoni, sobreviviente del Holocausto, contada en “Al final derroté a Hitler”. No obstante, al dolor no se le engaña así nomás. Uno cree que no está, pero sigue matándonos por dentro. Ahora mismo, si le pregunto qué le duele más, me diría que es la patria, la política y, al final, habría un nombre, Pedro Castillo, nuestro presidente.

Que eso duela es obvio. En la encuesta del IEP de agosto, para más del 80%, Castillo genera incertidumbre, cólera, miedo, decepción y desconfianza. Otra encuesta, la de Ipsos de junio, confirma que para el 90% estamos peor que antes. Entonces, con todo eso, si Castillo no se va, ¿por qué no lo botan? Pues veamos otros datos del IEP. Desde noviembre la imagen de Castillo está estable, con 25% de aprobación y 65% de desaprobación, pese al aluvión de corruptelas que lo involucran. Además, su 25% de aprobación no está muy lejos del 32% que tuvo Pedro Pablo Kuczynski al final de su primer año. La hipótesis es que hemos llegado al núcleo duro del amor y del odio a Castillo. Si es así, más evidencias de incapacidad o de corrupción no cambiarán al núcleo duro a favor. Tendrían que afectarlos otros motivos.

Otros datos de IEP sugieren que Castillo no sería el dolor real: aun cuando se fuesen todos, la situación seguiría igual o peor para el 47% y solo mejoraría algo para el 42%. Ipsos aporta otro dato: para el 92%, estamos yendo en una dirección equivocada. Entonces, habría que hacer una cirugía mayor para corregir y mejorar. Pero ¿qué y para qué? Un diagnóstico nos lo dejó Fernando del Rincón, luego de desnudar en su entrevista para CNN la incapacidad de Castillo: yo les voy a decir una cosa, eso que está pasando en el Perú ya no solo es responsabilidad de Castillo, es que los demás poderes también están fallando. A ustedes les está yendo mal y les seguirá yendo mal a todos los peruanos mientras ustedes no hagan su trabajo. Se hizo viral.

¿Qué estamos haciendo mal? Creo que, luego de tanta historia, no hemos construido una república. Hay unas islas de excelencia y de heroísmo, pocas, como las victorias en fútbol, que nos salvan de la vergüenza total, pero no han sido suficientes. Mire usted, desigualdades hay en todos lados y las habrá siempre, pero aquí llegan a niveles extremos. Lima, con toda su modernidad, tiene una economía informal en más del 50%. Arequipa, la segunda en importancia, es menos que los distritos más grandes de Lima. Hay regiones en que la informalidad supera el 80%. Hay regiones controladas por economías criminales. La agricultura andina que alimenta las ciudades es la más pobre y marginada.

Los derechos civiles corren riesgo frente a una ola conservadora religiosa. Cuando rajamos de Castillo, lo hacemos desde nuestra propia diferencia. No imaginamos siquiera lo que piensan otros. De seguro también quieren que Castillo se vaya, porque también lo sufren. Pero no sabemos si su solución y su futuro es como el nuestro. Ese es el trabajo pendiente, conectarnos todos para encontrar un plan de gobierno inmediato y políticas públicas a futuro, en las que todos tengamos un lugar en la mesa. Ya lo ve, el dolor más grave lo hemos sido todos.