(Foto: Jorge Cerdán / GEC)
(Foto: Jorge Cerdán / GEC)

El dinero vale la confianza que da. Al principio, la confianza fue el mismo metal de la moneda. Luego la moneda fue papel, con sello de fábrica y siguiendo un protocolo, pero papel al fin. La confianza la da el país que lo emite y la economía que lo soporta. En eso somos expertos. Un dólar o un sol lo aceptamos todos los peruanos. Se confía en esas monedas porque su valor se conserva. Pero cuando una economía se debilita, su moneda pierde valor y nadie la quiere. Pasa ahora en Argentina, cuyo peso estaba a la par que nuestro sol y ahora te dan 40 pesos por sol. Peor es en Venezuela, que te dan medio millón de bolívares por sol. Nosotros estuvimos también así. En 1991, cuando ordenamos la economía, un sol de los nuevos valía un millón de los intis antiguos.

Hoy el dinero se transfiere por Internet. Dentro de poco, el mundo digital impondrá las criptomonedas. La confianza la está generando el “block-chain”. Es una red que archiva operaciones como si fuese una cadena, en la que cada eslabón registra las operaciones que le corresponden, pero también las anteriores y las siguientes. En simple, cada eslabón tiene la data de toda la cadena. Falsificar es imposible, se tendría que alterar cada uno de los eslabones. Si esa red dice que usted es propietario de 100 criptomonedas, es porque es así y no se discuta. Serán los nuevos notarios y registros públicos. La confianza la dará la transparencia de la información y la seguridad de que es cierta.

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Pasa en la economía, pasa también en la política. Las sociedades que prosperan son aquellas en las que sus ciudadanos creen en sus jueces, sus fiscales, sus policías, sus maestros, sus enfermeras, sus periodistas y, mire usted, en sus políticos. Puede que haya miserables entre ellos, pero se tiene confianza en que sus instituciones ajustarán cuentas, sancionarán a los malandrines y elegirán mejor a los nuevos. A principios de los noventa, en pocos meses hicimos cambios estructurales que construyeron confianza en la economía. Gracias a esa confianza hemos tenido prosperidad. Si lo hicimos con una economía en bancarrota, también lo podemos hacer ahora con nuestra política. No importa lo horrible que se vea. Cumplir lo que se ofrece, lo que pasa por no prometer tonterías ni imposibles; respetar el derecho de los demás, aunque destroces sus ideas; pensar, criticar, juzgar y no insultar; no mentir y pagar lo que debes, incluye impuestos; votar eligiendo bien. Como en la economía, se trata de generar confianza. Deberíamos empezar algún día. Hoy mismo, ¿qué le parece?

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