(Foto: iStock)
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Las expectativas no son sinónimo de especulación. Especular significa comprar barato algún activo, como podría ser un inmueble o una acción en la bolsa de valores, entre otros, esperar que suba su precio y luego vender más caro. Se asocia con periodos de auge crediticio y en muchos casos ha devenido en crisis financieras, la primera de las cuales, documentada, ocurrió en Holanda en 1634 con los tulipanes.

Comprar barato para vender caro define al especulador. Nótese que se trata de una apuesta, pues nada asegura que el precio efectivamente suba. Hace unas semanas, muchos preguntaban si valía la pena comprar dólares, pues esperaban que subiera. Sin embargo, nadie puede leer el futuro; la economía proyecta, no adivina. No existe 100% de certeza sobre lo que pasará en el futuro. Por eso es una apuesta. El tipo de cambio ha bajado, por lo que quienes compraron a 4 soles esperando que suba, han perdido, al menos hasta ahora. No sabemos qué pasará mañana.

Las expectativas son un elemento que tanto compradores como vendedores incorporamos a nuestras decisiones. Son previsiones que hacemos con respecto del comportamiento futuro de las variables económicas, como, por ejemplo, si tendremos o no un mejor empleo, si se mantendrá o subirá la tasa de interés, etc. En función de eso decidimos. Por eso las expectativas determinan el futuro de la economía. Para que una economía crezca de manera sana, los agentes económicos (compradores y vendedores) tenemos que creer que el futuro será mejor. De lo contrario, preferimos no actuar y postergamos decisiones. Volver a crecer implica antes volver a creer.

Pongamos dos ejemplos. Si alguien desea tomar un crédito automotriz en los siguientes días, es porque espera tener los ingresos en el futuro para poder pagarlo. Sin embargo, ¿qué sucede si sus expectativas respecto de los siguientes años no están claras? Pues incluye esa visión como un factor a considerar para tomar la decisión. Si la información que recibe o percibe no es positiva, entonces posterga la decisión. No está especulando. Usa la información disponible y, con ella, decide.

Lo mismo pasa en el caso de alguien que esté por tomar la decisión de endeudarse con el objetivo de poner un negocio. Trata de incorporar a su decisión toda la información disponible para decidir. Tal como lo hacemos usted y yo para tomar cualquier decisión. Si ve que no habrá demanda por lo que piensa producir o cree que subirá la tasa de interés, entonces posterga la decisión.

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Está claro, entonces, que el Perú hoy enfrenta un problema de expectativas y no de especulación. La tarea es colocar esas expectativas en terreno positivo. Si nadie gasta ni invierte, entonces la economía se frena y con ello el empleo. Por eso, más allá de intenciones, la economía no es un acto de magia ni de fe, sino es una ciencia. Y por eso las señales que recibe la población condicionan lo que va a pasar. Pensar lo contrario es ir en contra de la teoría económica y la evidencia empírica.

La expectativa tiene sustento, pues se basa en la información que recibimos. La especulación no tiene sustento, pues es una simple apuesta para comprar barato hoy para vender caro mañana.

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